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No pueden rendirse las armas de la canción
sensible e inteligente
Para Amaury Pérez
haber participado en el VI Forum Social Mundial fue un baño de
optimismo
Pedro
de la Hoz y Ricardo López Hevia (foto) Enviados especiales
pedro.hg@granma.cip.cu
CARACAS.—Los
valores estéticos y éticos de la canción ocupan y preocupan a
Amaury Pérez Vidal. Su participación en el VI Forum Social
Mundial, que acaba de finalizar en esta ciudad, representó para él
un baño de optimismo y la confirmación de que "no se pueden rendir
las armas de la canción sensible e inteligente".
El cantautor cubano
formó parte de una delegación en la que las voces de Augusto
Blanca y Corina Mestre, en dúo de magníficas resonancias; los
prominentes cantautores Santiago Feliú y Gerardo Alfonso, y los
jóvenes Ihosvany Bernal, Samuel Águila y Amanda y Ariel,
conectaron con la avidez de jóvenes auditorios por escuchar
propuestas musicales que se distancien de los tópicos difundidos
por la industria cultural hegemónica.
Para Amaury es una
bendición que haya una respuesta contra la banalización de la
música. "Contra lo que el mercado vende —asegura— cada vez
llama más la atención lo que ese mercado oculta".
Su más reciente título
discográfico, Juglar, se está insertando, con paso constante, en
la sensibilidad popular de jóvenes de diversas regiones de América
Latina.
"Hace
pocos días —cuenta—estuve nuevamente en Planta de Luz, un foro
de la capital mexicana en la que caben unas 600 personas sentadas
alrededor de mesas. Es una plaza importante, que define calidades.
Por ahí han pasado Joan Manuel Serrat y Alberto Cortez. Allí
recibí muchas satisfacciones del público".
La crítica ha advertido
una cercanía al jazz en esta producción de Amaury. El trovador no
lo niega: "No fue algo deliberado, sino fue saliendo y era lógico
que así fuera. El jazz es un lenguaje plenamente asimilado por la
canción cubana. Pero el disco no es de jazz. Es un disco de
canciones, es decir, de textos y músicas que se encuentran con un
sentido determinado. Pienso en una especie de vuelta a mis orígenes
trovadorescos, que ya me había planteado en el anterior disco
Trovador, arropados por armonías y giros jazzísticos que le dan un
toque muy especial".
Volviendo al dilema
entre música y mercado, Amaury señala la nefasta influencia de los
medios de difusión, que machacan sobre la idea de que todo lo que
se consume es lo único que vale.
"Quienes
creemos que una canción sigue siendo una dimensión espiritual
enriquecedora, debemos luchar por abrirnos espacios de difusión en
medios propios e incluso en aquellos que ejercen la dominación. No
podemos darnos el lujo de automarginarnos. Debemos llevar a nuestra
obra no sólo el dolor, sino también la alegría que nos afianza y
la esperanza que compartimos".
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