BEIRUT, 27 de enero (PL).—
Israel y Estados Unidos harían hoy virtualmente como el avestruz,
esconderán la cabeza en la tierra para ignorar el triunfo del
Movimiento de resistencia Islámica (Hamas), en las elecciones
legislativas del miércoles.
Hamas ganó 76 de los 132 escaños en
liza en los comicios celebrados en la Franja de Gaza, Cisjordania y
Jerusalén Oriental para el futuro Parlamento palestino.
Ante ello, el primer ministro
israelí en funciones Ehud Olmert, aseguró hoy que no dialogará
con un gobierno palestino dirigido o del que forme parte Hamas, el
cual convertirá a la Autoridad Nacional Palestina (ANP) "en un
gobierno que apoya el terrorismo".
Tales declaraciones fueron formuladas
al término de una reunión de emergencia de Olmert con los miembros
de su gabinete reducido para asuntos de seguridad.
Tel Aviv trata de concertar una
alianza internacional en respuesta a la aplastante victoria obtenida
por el movimiento islámico, contrario a la ocupación de
territorios palestinos por Israel durante la Guerra de los Seis
Días contra los árabes en junio de 1967.
El gobierno hebreo aspira a que esa
unión le ofrezca garantías de que ningún gobierno dialogará con
los islamistas, hasta que ese grupo no se desarme y admita la
ocupación.
En ese sentido, la ministra de
Asuntos Exteriores israelí, Tzipi Livni, inició esta madrugada una
serie de llamadas telefónicas a colegas de todo el mundo para
concertar una postura común hacia Hamas.
La ministra habló, entre otros, con
la secretaria norteamericana de Estado, Condoleezza Rice, y el alto
representante de Política y Seguridad Común de la Unión Europea,
Javier Solana.
Estados Unidos declaró hoy que no
negociará con el grupo islamista hasta que este no renuncie a las
armas.
Washington, que considera a ese
movimiento como una organización terrorista, conversó con Moscú,
Madrid y Naciones Unidas, miembros del llamado Cuarteto que
conjuntamente trata de mediar para lograr el fin del conflicto entre
Israel y los palestinos.
Hamas conquisto la simpatía de los
votantes con una campaña contra la corrupción, mácula que empaña
el desempeño del otro gran partido y perdedor, Al Fatah, del
presidente de la ANP, Mahmud Abbas.