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La capital marchó con Fidel
ANETT RÍOS y GABRIEL
DÁVALOS
nacionales@granma.cip.cu
Fotos: José M. Correo, Alberto Borrego, Otmaro Rodríguez
Con
precisa exactitud llegó el Comandante para hablarle a su tropa.
Cuando el reloj marcó las 8 de la mañana para todos los cubanos
rompió la carga a degüello: primero con las incisivas palabras de
un Fidel visiblemente indignado, respaldado por su pueblo presente,
y luego la marcha millonaria de los mambises capitalinos.
"Se
prendió el cartelito, ¡qué valientes son las cucarachas!", así
inició Fidel, y mientras sus ideas martillaban la dudosa moral del
imperio, la naturaleza iba, por su parte, jugándole una mala pasada
a los malos vecinos de la SINA: el sol, recién nacido, opacó la
pantalla montada en el quinto piso de la Oficina de Intereses y el
cartelito se fue a bolina.
El
Comandante abrió el combate y anunció que estaría allí hasta el
final. Caminó con paso apurado hasta la tribuna de los oradores,
desde donde saludó a la avanzada que cruzó la trocha.
A partir de entonces y
durante aproximadamente siete horas, el pueblo capitalino cabalgó
empuñando las ideas y agitando las banderas ante los cínicos
funcionarios que, del otro lado de la reja, no pudieron aguantar la
curiosidad de ver la verdad desfilar frente a sus narices.
Un
mar de hombres y mujeres pasó por allí una hora después, dos,
cinco y más.
El combate cerró con
una carga a galope. Fidel se puso al frente de una tropa de jóvenes
de la Federación Estudiantil Universitaria, de trabajadores
sociales y junto a otros dirigentes de la Revolución avanzaron a
buen paso, pisoteando la imagen del terrorista Luis Posada Carriles,
pintada por jóvenes artistas el día antes sobre el asfalto en el
Malecón, frente a la SINA.
Los
fotógrafos de aquí, de allá, retrataron el avance impetuoso. La
imagen hablará por sí misma de la unidad del pueblo y de la fuerza
de su líder.
Los que desfilaron al
final se fueron congregando cerca de la calle G y Malecón, se
sabía que detrás venía Fidel. Bajo el sol de las tres de la tarde
nadie quería moverse para verlo, y si fuera posible escucharlo
cuando, rodeado de pueblo, se dirigió a los periodistas.
El
pueblo de los Estados Unidos se abochornará algún día de lo que
han hecho sus gobiernos sobre la base de engaños, por eso le he
hablado al pueblo cubano y al pueblo latinoamericano, en fin, al
pueblo del mundo, reflexionó Fidel en los últimos minutos de la
marcha. También se refirió a los jóvenes que desfilaron, le
emocionó verlos, juntos todos en esta marcha combatiente.
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