Angel
Rodríguez Alvarez
No
se necesita ser un experto para comprender que una movilización
como esta, superior al millón de personas y organizada en apenas
horas, solo puede lograrse cuando detrás hay un pueblo unido, con
sólidas motivaciones, fuertemente identificado con su dirección
política y dispuesto a luchar contra patrañas e injusticias y a
defender, a cualquier precio, su independencia, soberanía y las
conquistas sociales y económicas actuales y por venir
Los cubanos continúan
protagonizando hoy un testimonio irrefutable de su firme
pensamiento en torno a la más reciente provocación de la
administración norteamericana y de la descarada manipulación del
proceso contra el terrorista Luís Posada Carriles.
Ya pasaron las seis
horas de marcha, y el mar de pueblo digno y combativo no pone fin a
sui enérgica protesta contra la nuevas provocaciones del Gobierno
de Estados Unidos. Si lo que pretendieron el Imperio y su
oficina de Intereses en La Habana era tomar la temperatura a la
situación política insular, lo lograron: el Malecón está al rojo
vivo.
El
nuevo provocador jefe de la Sección estadounidense ya habrá sacado
sus primeras conclusiones acerca de la unidad y la madurez política
de un país que, frente a las altanerías del enemigo, no pierde la
cordura y los estribos.
El pueblo de Cuba ha
aprendido a lidiar con la prepotencia yanqui y jamás se ha dejado
llevar por impulsos emotivos. Hace mucho aprendió a seleccionar el
terreno, las formas y los medios para defender sus derechos y
principios y hacerlo, como siempre, de manera victoriosa.
La enérgica y pacífica
marcha de los capitalinos, realizada en representación de millones
de compatriotas de toda la Isla, envía un claro mensaje Washington
y la mafia cubano-americana de Miami.
No
se necesita ser un experto para comprender que una movilización
como esta, superior al millón de personas y organizada en apenas
horas, solo puede lograrse cuando detrás hay un pueblo unido, con
sólidas motivaciones, fuertemente identificado con su dirección
política y dispuesto a luchar contra patrañas e injusticias y a
defender, a cualquier precio, su independencia, soberanía y las
conquistas sociales y económicas actuales y por venir.
Quienes continúan
haciendo temblar los cristales de la Oficina de Intereses de Estados
Unidos en La Habana no forman parte de una masa amorfa e
improvisada, una chusma, como a la Casa Blanca le gusta calificar.
Es toda una población, heredera de las tradiciones de combate de
mambises y rebeldes; fogueada en la lucha contra bandidos; en
Girón, la Crisis de Octubre y en las misiones internacionalistas
militares y civiles llevadas a cabo en ayuda de decenas de pueblos
hermanos.
Es el mismo pueblo que
ha enfrentado durante 47 años, con firmeza ejemplar, campañas de
calumnias y desinformación, planes terroristas, aislamiento
diplomático, bloqueo económico, comercial y financiero por parte
de la más poderosa potencia mundial. Es el protagonista de
una colosal Batalla de Ideas, que también está dispuesto a
defender esa obra a cualquier precio, hasta su última gota de
sangre.
Ni la fraudulenta
protección brindada a Posada Carriles, ni las provocaciones y los
fantasiosos y agresivos planes de Bush harán a los cubanos cambiar
el rumbo. Con esos siniestros planes solo conseguirá que cada vez
más un mayor número de personas honradas y decentes de este mundo
comprendan que el camino emprendido por Washington únicamente los
puede conducir, aún más, al descrédito y la derrota. (AIN)