Los Fernández Zaldívar de Santa Lucía

Seis corazones y una década de vida en deuda

ALEXIS ROJAS AGUILERA

Foto: AMAURIS BETANCOURTHOLGUÍN.—"Nosotros gozamos de cada nuevo día, hacemos lo que cualquier cubano, trabajamos, aportamos su poquito a la sociedad. Debemos en conjunto ya un siglo y una década de vida adicional."

Las palabras brotan alegres de los labios del licenciado en Pedagogía Fidel José Fernández Zaldívar, docente del Curso de Superación Integral para Jóvenes y profesor activista voluntario de la Escuela del Partido en Rafael Freyre, en el norte holguinero.

A su lado, asienten Yolanda Alejandrina, Jorge Luis, Víctor Manuel, Ariel Ramón, también, María del Carmen y Ofelia Emilia. Solamente no está presente Ramona Florinda, la mayor de los hermanos, que reside en el reparto Miraflores, del municipio capitalino de Boyeros.

Ellos forman una familia singular y solidaria, avecindada en el poblado de Santa Lucía, capital del municipio. Seis de ocho en total, padecen de una patología cardiovascular denominada Síndrome de nódulo sinusal enfermo, aparentemente de base genética, pero de hecho no transmitida hasta ahora a la descendencia.

Los seis enfermos requieren, para mantener la vida, del uso del marcapasos, dispositivo que hace latir el corazón mediante impulsos eléctricos.

LA FAMILIA

De origen campesino humilde, según relataron los Fernández Zaldívar, son hijos de Manuel y María Isabel —primos entre sí—, ya fallecidos y que pudieron haber sido 15 hermanos, pero en verdad nacieron 13, de los cuales cinco "no arribaron por las desgracias de la época" o por "haber sacado" el mismo padecimiento.

Al viejo, lo recuerdan como agricultor sin tierra, cortador de caña, recogedor de leñas en tiempo muerto, "luchando por sus hijos" y a la vieja, resignada a un destino de necesidades y "pila de vejigos guindados de su pobre falda".

Ariel asiente con movimientos de la cabeza, porque conoce las anécdotas, pero nació en circunstancias diferentes tras la alborada de 1959, mientras que Víctor Manuel solamente deja escapar un explícito ¡hum!, mientras escucha a sus hermanos.

Mire, periodista, señaló Fidel, está hablando con varios difuntos, sino fuera por el altruismo de la Revolución. Nuestra madre lo decía siempre, que Fidel Castro era un segundo padre para nosotros sin saberlo, porque los ideales, la ética y los principios de este proceso obraron el milagro de preservarnos la vida. De otro modoÁ

EL MILAGRO

Así rememora los días en que unos tras otros enfermaron y comenzaron a recibir los marcapasos. Desde entonces tratamos de hacer nuestras vidas de la manera más normal posible. Somos personas útiles, optimistas. En conjunto, depositarios de 21 marcapasos (con precio entre 25 000 y 49 000 dólares cada uno), diez de ellos para mí solamente, más una operación a corazón abierto como consecuencia de una infección del endocardio, que fue valuada en aquel momento, en unos 250 000 dólares por su complejidad.

Respira profundo. Está emocionado. ¿Sabe cuánto me costó, nos costó todo, incluidas las atenciones y cuidados de médicos y personal especializado, las medicinas, los ingresos hospitalarios, las muestras de afecto y consideración en un proceso que lleva largos años? Ni un centavo, sí, señor, ni un centavoÁ ¿Quiere que le diga másÁ?

 

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