Administración Bush guarda silencio 
en escándalo Abramoff

WASHINGTON, 18 de enero (PL).— El gobierno del presidente George W. Bush rehusó hoy difundir detalles de sus nexos con el corrupto confeso y ex cabildero de Washington Jack Abramoff, decano del fraude financiero en Estados Unidos.

Se conoce que el ex mediador mantuvo una serie de reuniones con funcionarios cercanos a la Casa Blanca, comentó el portavoz Scott McClellan, "pero no vamos a iniciar ahora una expedición pesquera", agregó el vocero de Bush.

McClellan se abstuvo ayer de precisar el nivel y las contrapartes de las relaciones de Abramoff, y tampoco explicó cómo este sujeto deshonesto obtuvo acceso a las oficinas centrales del Ejecutivo, comenta el diario Minneapolis Star Tribune.

Con anterioridad, el senador Harry Reid y otros tres demócratas exhortaron públicamente al mandatario a explicar ante el pueblo las razones de los contactos personales de Abramoff con responsables federales.

El pueblo de Estados Unidos necesita estar seguro de que la Casa Blanca no está a la venta, subrayaron Reid y otros legisladores de la oposición partidista.

Un hecho es que el embrollo activado por la confesión del republicano eclipsa la imagen del Congreso y genera especulaciones sobre la honestidad parlamentaria en Estados Unidos.

A inicios de mes, Abramoff se declaró culpable de tres delitos: fraude por decenas de millones de dólares contra tribus indígenas, soborno de funcionarios del gobierno y evasión de impuestos.

El ex presidente de la Cámara baja Newt Gingrich, republicano por el estado de Georgia, advirtió que este escándalo debería motivar una revisión amplia sobre el financiamiento de las campañas políticas.

No puede existir un intercesor corrupto a menos que haya un congresista sobornable o un empleado venal en la asamblea legislativa, señaló Gingrich en un discurso en el Club Rotario de esta capital.

El reconocimiento de Abramoff permitió que fiscales federales armaran una investigación en torno a una veintena de miembros del Senado, consejeros gubernamentales e incluso funcionarios ligados al gabinete presidencial.

Por lo pronto, Bush y varios legisladores se deshicieron apresuradamente de donaciones vinculadas a Abramoff, luego de trascender que los fondos de campaña del mandatario recibieron en 2004 miles de dólares de Abramoff.

Aunque el partido republicano tiene nexos más sólidos con el ex cabildero y más plazas que perder en el Congreso, también muchos parlamentarios demócratas podrían ser perjudicados por el episodio de corrupción.

Asesores políticos hallan similitud entre este suceso y el escándalo que sacudió a la Cámara de Representantes en 1992 y provocó la salida de 77 legisladores.

 

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