Aquellos primeros 8 días de Enero

JUAN NUIRY
nacionales@granma.cip.cu

El 31 de diciembre del año 1958, luego de acumuladas y continuas faenas e inmersos en la ofensiva final de la Columna No. 1 José Martí, bajo el mando personal del Comandante en Jefe Fidel Castro, decidimos, junto a un grupo de combatientes, quedarnos a dormir en una casa situada a la salida de Palma Soriano, en las inmediaciones del Río Cauto, llamada La Cuchilla, cuando en horas bien tempranas del día primero de enero de 1959, conocimos de la fuga de Batista, así como de algunos acontecimientos que estaban ocurriendo en la capital.

Sin perder tiempo, partimos rumbo al Central América, donde, desde el 19 de diciembre radicaba la Comandancia Central del Ejército Rebelde. Al arribar al lugar, desde una casa de paredes de tablas y techo de zinc, sale al rústico portal Fidel Castro y expresa: "Es una cobarde traición, pretenden escamotearle el triunfo al pueblo. ¡Revolución Sí, golpe de Estado no!" En una mano traía uno de los documentos mas importantes de nuestro proceso, que con gran visión política logra fijar la verdadera posición de la Revolución en un momento crucial. Fidel, con voz firme y vibrante leyó el documento a un grupo de compañeros que nos encontrábamos a su alrededor. A todos los presentes, se nos hizo un nudo en la garganta.

Con pleno dominio de la situación, el Jefe de la Revolución manifestó: "No se debe hacer alto al fuego". Todo ocurre como una sucesión de imágenes. Fidel se multiplica, imparte órdenes precisas. El cerco del Ejército Rebelde se estrecha aún más sobre Santiago de Cuba.

Ordenadamente, sobre las nueve de la mañana, una pequeña caravana encabezada por el Comandante en Jefe y la inolvidable Celia, se dirigió desde el Central América hacia la Planta Móvil de Radio Rebelde, 7-R-R, situada en Palma Soriano. Desde allí, todas las plantas retransmitieron la histórica y precisa alocución de Fidel al pueblo de Cuba, llamando a preparar la huelga general revolucionaria ante la maniobra traicionera en la capital del país. A continuación de aquella alocución, di a conocer por los mismos micrófonos, a nombre de la Federación Estudiantil Universitaria, el pleno respaldo del estudiantado cubano a las orientaciones del líder de la Revolución.

Pronto aparecieron señales de negociación. Salimos hacia las lomas del Escandel, donde en un acontecimiento único, observamos, como se confundían los uniformes verde olivo, con los kakis amarillos, oficiales del Ejército, con el brazalete rojo y negro del 26 de JulioÁdaban vivas a la Revolución y en medio de gran expectación, el Coronel Rego Rubido rinde la PlazaÁ

Cuando comenzamos a bajar aquellas lomas, en larga fila, hacia la heroica ciudad de Santiago de Cuba, junto al líder de la Revolución, nos golpearon los recuerdos. Pensábamos en los caídos, en la oportunidad de hacer realidad el legado martiano, sin dependencia, ni atadura. Acercándonos, ya oscureciendo a la cuna de los Maceos y de Moncada, y del Moncada veíamos renacer entre la sombra la luz, era la luz de la esperanza.

Desde los balcones del ayuntamiento de Santiago de Cuba, Fidel anunciaba la marcha del Ejército Rebelde hacia La Habana. No es fácil sintetizar tantas emociones. Pero el espacio se impone ante los deseos. Así, aquel victorioso Ejército Rebelde —que rompiendo esquemas— había ganado la guerra contra un poderoso ejército profesional, equipado y asesorado por los Estados Unidos se dirigía hacia la capital, con sus raídas vestimentas. Sin entorchados ni oropeles. Pero existía algo que los identificaba: Sus ideales y sus barbas.¡Eran los barbudos de Fidel! y traían bien apretadas y firmes en sus manos, las armas, que en su mayoría, habíamos arrebatado al enemigo.

¡Cuántos recuerdos nos traen aquellos días inolvidables! A veces pienso ¿cómo pudiéramos trasmitirles a las nuevas generaciones las imágenes de aquella jornada en la que atravesábamos ciudades y pueblos, en medio de una masa enardecida y jubilosa?. Hombres, mujeres, ancianos y niños, se agrupaban de ambos lados de la carretera, colmaban las plazas, donde se efectuaban los actos. El grito de ¡Fidel! ¡Fidel! se repetía. Era una constante. Donde nos sorprendiera la noche, allí dormíamos. La historia de Cuba no recuerda nada igual.

El 2 de enero, la Caravana de la Libertad sale de Santiago de Cuba rumbo al occidente del país. Bayamo, Holguín, Victoria de Las Tunas. El día 5, entramos en la provincia de Camagüey. Recuerdo que Fidel para tener algunas reuniones importantes de consultas, lo tuvo que hacer dentro de un avión en el Aeropuerto de la capital Agramontina. Seguimos hacia Sancti Spíritus, Santa Clara, luego Cienfuegos. El día 7 entramos en la provincia de Matanzas....Cárdenas...El día 8, al amanecer, hacia la capital...

Actos, discursos, reuniones, decisiones, abrazos, apretones de manos, besos, horas sin dormir y sin descansar se mezclaban con el júbilo, el llanto y las sonrisas. En los rostros del pueblo, la alegría de ver la realidad de un sueño.

En este imborrable trayecto del 2 al 8 de enero, solamente Fidel se desvía de la Carretera Central en dos ocasiones: Una es para dirigirse a Cienfuegos, la otra hacia Cárdenas, al cementerio, a rendirle tributo de cariño y respeto a José Antonio Echeverría ante su tumba. ¡Cuánto simbolismo! Sobran las palabras.

La entrada en La Habana es indescriptible.

Al final del trayecto, entre aquella multitud, llegamos al Campamento de Columbia. Más que caminar, fuimos empujados hacia aquella pequeña tribuna en el Polígono de Columbia.

Con la expectación no solo nacional, sino internacional, la presencia de Fidel fue anunciada por la voz femenina de Radio Rebelde, Violeta Casal. Era la primera vez que el pueblo pudo contemplar a través de la televisión la figura legendaria, el rostro del líder de la Revolución y escuchar su voz, en un lenguaje distinto y directo, en rápida comunicación con las masas.

Y sobre aquella multitud fue escuchándose la voz de Fidel: "El pueblo había ganado la guerra, tenía que prepararse para ganar la paz y conquistar el porvenir", para luego reafirmar, "El destino de la Patria no puede ser nuevamente escamoteado".

Cuba, América y el Mundo pudieron escuchar y apreciar al líder de la Revolución cubana, hasta pasada la media noche. Así transcurrió aquel día 8 de enero de 1959, "Año de la Liberación".

 

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