Entre sequía y ciclones 

ORFILIO PELÁEZ
pelaez@granma.cip.cu 

El 2005 ha sido uno de los años más complejos para Cuba desde el punto de vista climático por la magnitud de los fenómenos extremos a los cuales la nación se tuvo que enfrentar.

El país enfrentó la mayor sequía de la última centuria invirtiendo cuantiosos recursos en obras hidráulicas.

Tras castigar por más de 209 meses consecutivos a las provincias orientales, donde entre mayo del 2003 y octubre del 2004 produjo déficit en los acumulados totales de precipitaciones cercanos a los 600 milímetros, e incluso 700 en los puntos más críticos, la peor sequía registrada en el país en la última centuria se extendió también hacia el centro y el occidente.

De San Antonio a Maisí, las imágenes de suelos agrietados, ríos prácticamente secos, cultivos diezmados, presas colapsadas y de personas cargando cubos de agua, eran reflejadas casi cotidianamente en los medios de prensa.

Baste decir que en el momento más crítico de la sequía (finales de abril y principios de mayo) el volumen de agua embalsada apenas representaba el 26,7% de la capacidad total existente, el 42% de las cuencas subterráneas mostraba un estado deplorable y más de 2,6 millones de personas recibían el agua mediante pipas o camiones cisterna.

Para atenuar los efectos de tan adversa coyuntura, el Estado invirtió cuantiosos recursos en la construcción de numerosas obras hidráulicas, destinadas en lo fundamental a garantizar el suministro a la población en las zonas más golpeadas por la ausencia de lluvia.

Como se informó en la última sesión del Parlamento, el impacto económico total de la sequía al cierre del 2005 se estima en alrededor de 1 350 millones de dólares.

Investigaciones realizadas por especialistas del Centro del Clima del Instituto de Meteorología, revelaron que entre las causas principales de tan intenso y prolongado proceso figuró, en primer lugar, la persistente influencia de marcadas condiciones anticiclónicas en toda el área del Caribe y Centroamérica, lo cual al provocar un acentuado descenso del aire desde los niveles altos de la atmósfera, limitó la ocurrencia de precipitaciones.

ARLENE MARCÓ EL VIRAJE

Las adversidades climáticas pusieron a prueba, más de una vez, la capacidad organizativa y movilizativa de los cubanos.

La racha de seca se rompió en junio cuando la extensa área de nublados asociada a la circulación de la tormenta tropical Arlene (cruzó por el extremo oeste de Pinar del Río) ocasionó abundantes precipitaciones en la mayor parte del país e hizo que el sexto mes del calendario finalizara con un acumulado nacional de 245 milímetros, cifra equivalente al 115% de su media histórica.

Para las provincias occidentales, incluido el municipio especial de la Isla de la Juventud, junio resultó uno de los meses más lluviosos en los últimos 50 años al reportar en su conjunto un promedio de 428 milímetros, que representa el 187% del valor normal.

Así el primer organismo ciclónico de una temporada vaticinada como muy activa resultó sumamente beneficioso por el agua que dejó.

La llegada de julio ratificó con creces el pronóstico anterior al formarse en nuestra área geográfica cinco ciclones tropicales (nuevo récord), entre ellos dos huracanes intensos de categoría 4 en la escala Saffir-Simpson (Dennis y Emily).

En un hecho verdaderamente insólito, pues, en los últimos 205 años Cuba solo había sido azotada por tres huracanes en este mes, el Dennis impactó de manera directa al territorio nacional, afectó a 10 provincias y causó grandes daños principalmente en Granma y Cienfuegos. Destruyó más de 28 000 viviendas, y de manera parcial otras 147 000. Las pérdidas económicas fueron estimadas en 1 400 millones de dólares.

Sin embargo, Dennis tuvo su lado positivo al aportar sus intensas lluvias 1 646 millones de metros cúbicos de agua a las presas, y elevar el acumulado nacional de estas al 53,7% de la capacidad total (al cierre de junio estaban al 35%).

Debido al paso de ondas tropicales activas, pero en particular por la influencia indirecta de los huracanes Katrina y Rita, los meses de agosto y septiembre también contribuyeron a la recuperación de los embalses y cuencas subterráneas.

Vale señalar que Rita produjo precipitaciones intensas en el centro y occidente, con acumulados superiores a los 300 milímetros en algunos puntos, y las pérdidas económicas estuvieron cerca de los 207 millones de dólares.

En octubre el país volvería a poner todas sus fuerzas en tensión ante la amenaza del asombroso huracán Wilma. Este sistema tropical pasó de categoría uno a categoría cinco en apenas 12 horas, y su presión atmosférica central descendió hasta los 882 hectopascal, el valor más bajo reportado en la Cuenca del Atlántico en toda la historia.

Dicha cifra lo puso a la cabeza de los cinco huracanes más intensos registrados en esta zona del planeta, seguido por el Gilbert con 888 hPa (septiembre de 1988); el de los Cayos de la Florida, 892 hPa, (septiembre de 1935); Rita, 897 hPa (septiembre del 2005); y Allen, 899 hPa (agosto de 1980).

Además de ocasionar vientos máximos sostenidos entre 70 y 115 kilómetros por hora en varias estaciones meteorológicas de la región occidental, con rachas de 136 en Casablanca y 120 en Santa Lucía, Pinar del Río, en su movimiento por los mares al norte del occidente de Cuba, Wilma produjo fuertes penetraciones del mar en ambos litorales, las cuales alcanzaron una magnitud sin precedentes en los cinco municipios costeros de la capital. A nivel nacional los daños a la economía se calcularon en 704,2 millones de dólares.

Durante las primeras fases de su desarrollo, cuando se encontraba en los mares al suroeste de Jamaica, las bandas exteriores del Wilma ocasionaron lluvias intensas los días 15, 16 y 17 de octubre, en las provincias de Guantánamo, Granma y Santiago de Cuba.

En apenas cinco meses y gracias a las precipitaciones de Arlene, Dennis, Katrina, Rita y Wilma, el país salió de la sequía más severa que se conoce, aún cuando persisten importantes déficit en zonas de Camagüey, Las Tunas y Holguín.

Hoy el agua embalsada representa el 77% de la capacidad disponible, y el 98% de las aguas subterráneas han vuelto a la normalidad. Sin dudas el 2005 será recordado por mucho tiempo como el año de la sequía y los ciclones.

 

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