|
El arte de moler las piedras
Ni picapedreros ni
robots, sino un experimentado colectivo en explotación de canteras
sostiene el desarrollo inversionista de la provincia de Sancti
Spíritus
JUAN ANTONIO BORREGO
nacionales@granma.cip.cu
CABAIGUÁN, Sancti
Spíritus.—Muy cerca del poblado de Guayos, específicamente en la
zona de La Esperanza, la cantera Nieves Morejón, un filón de
piedra caliza que comenzó a explorarse hace medio siglo, hoy
sostiene en buena medida el desarrollo inversionista de la provincia
de Sancti Spíritus.
La Nieves Morejón fue la primera cantera del país en certificar su producción con las normas ISO 9000.
Expertos coinciden en
que la piedra de la zona, con un ínfimo contenido de hierro y
arcilla y rica en carbonato —hasta un 95%— figura entre las más
selectas del país para la fabricación de áridos.
Según estudios, el yacimiento dispone de reservas para ser explotado durante un siglo.
Por esa razón, por su
envidiable posición geográfica y su fácil acceso, constructores
de la región pusieron los ojos en el lugar desde mediados del siglo
pasado. Al inicio fueron los "toperos", una suerte de picapedreros
asalariados, los encargados de fragmentar la piedra a mandarria;
después la tecnología se iría refinando hasta llegar a nuestros
tiempos, cuando un molino devorador puede convertir en polvo rocas
de hasta casi un metro.
RESERVAS PARA UN
SIGLO
En el difícil arte de
moler las piedras intervienen no pocas partes: primero debe hacerse
el barrenado para la colocación del explosivo; después de ubicada
la carga, con rigurosas medidas de seguridad, efectúan la voladura.
Entonces buldózeres y otros medios hacen lo suyo para acceder a los
fragmentos que deben ser transportados en camiones "burras" hasta el
molino, a su vez dotado de un sistema de zarandas que permite
decantar la producción de acuerdo con su tamaño.
A fuerza de repetir esta
rutina, los hombres de la cantera Nieves Morejón (unos 76 en total)
obtienen el polvo de piedra, con un diámetro de cero a cinco
milímetros, la gravilla fina (de cinco a 10), la media (de 10 a
19), la gruesa (de 19 a 38), la base pétrea, considerada un desecho
de utilidad en la construcción, y la macadam, si existe algún
pedido específico.
Aquí nos adaptamos al
suministro de energía —comenta Alfredo Rodríguez, administrador
del centro—; si falta la corriente de día, trabajamos de noche y
no se afecta la producción. Ya la gente se ha ido preparando para
eso.
La Nieves Morejón se
mantiene como única abastecedora de caliza para la producción de
todo el cemento blanco que demanda el país, da respuesta a las
crecientes prioridades inversionistas de la provincia y exporta
anualmente unas 35 000 toneladas hacia países del Caribe.
Adalberto Sicilia,
director de la Unidad Básica, precisa, no obstante, que la
explotación se realiza con absoluto rigor científico, respetando
las exigencias medioambientales y de manera planificada: "Sabemos
que a este ritmo hay reservas para 100 años; pero, por ejemplo, la
veta que se emplea en el cemento blanco solo durará unos 30, por
ello no la usamos en otra cosa, y también hemos abierto varias
areneras para no abusar del polvo de piedra".
EL HOMBRE, LA MEJOR
TECNOLOGÍA
El molino de la cantera
ya tiene 35 años de explotación, "pero aquí la mejor tecnología
que tenemos es el hombre", asegura Luis Sosa, el jefe técnico
productivo de la Unidad Básica.
Emérito Muíña, un
buldocero de siete décadas —que esta mañana se ha encaprichado
en barrer la terraza con la cuchilla de su equipo—, hace un alto
en la jornada: "En la cantera el trabajo es muy duro, todo es al
sol, con ruido, polvo y muchos peligros, pero la gente no se va;
esto ya es como una familia".
El ronquido de una "burra"
cargada rumbo al molino casi interrumpe la conversación, pero la
agenda sigue llenándose de nuevas historias: la de Francisco Cruz,
el jefe de mantenimiento que luego de retirado se sintió niño
cuando lo fueron a buscar al parque de diversiones de Cabaiguán; la
de Osmín Gutiérrez, quien se amarraba por la cintura para poder
barrenar las piedras; la de Miguel Labrada, el ayudante que primero
se hizo operador de grúas y después mecánico; la de David Díaz,
barrenero a los 22 años...
El buldocero Emérito
Muíña las conoce todas, las ha oído contar varias veces en los
mediodías calientes, mientras esperaba el almuerzo. Quizás por eso
hoy cuando le pido la suya, mira hacia la punta de la terraza más
alta, sonríe y prefiere lanzar un desafío:
"¿Tú
te imaginas las vueltas que daría por esa loma para abajo si allá
arriba nada más me equivoco un centímetro con este bicho?" |