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Entregan el Premio Nacional de Música 2005
Queridos por su pueblo
Omar
Vázquez
omar.vc@granma.cip.cu
Galardón
que responde a la larga tradición histórica y cultural de un país
que ha generado ritmos que han trascendido fronteras, y al estímulo
creador propiciado por la Revolución, el Premio Nacional de Música
2005 llegó anoche a manos de cinco prestigiosas personalidades,
como reconocimiento al conjunto de sus obras y a las trayectorias de
toda una vida.

De izquierda a derecha, momentos en los que recibieron el Premio, Pablo Milanés, Frank Fernández, Rosita Fornés y Cuca Rivero. La otra galardonada, María Antonieta Henríquez no pudo estar presente en la ceremonia.
El más alto lauro que
otorga el Instituto Cubano de la Música, fue entregado por Abel
Prieto, ministro de Cultura y Abel Acosta, presidente del ICM, a
Frank Fernández, Pablo Milanés, Rosita Fornés, María Antonieta
Henríquez (fue recogido por la profesora Elvira Fuentes) y Cuca
Rivero, todos ellos entrañablemente queridos por su pueblo. Obras
de los artistas plásticos Roberto Fabelo, Eduardo Roca (Choco),
Pedro Hernández y Nelson Domínguez enriquecieron la ofrenda.
El musicólogo Jesús
Gómez Cairo, miembro del jurado presidido por Harold Gramatges e
integrado también por Esther Borja, Luis Carbonell, Alfredo Diez
Nieto, Juan Formell y Chucho Valdés, leyó el acta en la que se
exaltan los extraordinarios méritos de los músicos premiados.
El público asistente al
Teatro Amadeo Roldán ejercitó la virtud del aplauso, cuando la
mejor música se puso en acción desde el inicio, con el impactante
dúo protagonizado por Pablo Milanés y Carlos Varela, en Días
de gloria y Como los peces (hermoso tributo al grande
Miguel Matamoros).
Un bien conformado
programa dirigido artísticamente por Daniel Alcolea, prosiguió con
la interpretación de La Guantanamera, de Joseíto Fernández
(versión polifónica de Amaury Ramírez), por el Coro Nacional
Infantil, dirigido por Digna Guerra; y la actuación del dúo
Promúsica (María Victoria del Collado y Alfredo Muñoz), en obras
de Alejandro García Caturla.
Fue sumamente apreciable
el modo en que el Coro Nacional abordó una obra de Frank
Fernández, evidencia de la polifacética maestría de nuestro
excelso pianista. Luego la soprano Bárbara Llanes, quien saltó al
mundo del disco de la mano de Frank, se hizo acompañar de la
Orquesta Sinfónica Nacional, conducida por Enrique Pérez Mesa, en
obras de Franz Lehar, anticipo de un sabroso cierre, con Pancho Amat
y su Cabildo del Son, en Yo sé de una mujer, de Graciano
Gómez y Gustavo Sánchez Galarraga, y Llegó el tresero, del
propio Pancho.
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