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Amor y pasión
Un avileño
coleccionista de discos de acetato habla de su vocación
ORTELIO GONZÁLEZ
MARTÍNEZ
cultura@granma.cip.cu
MORÓN.—Lázaro Efrén
Álvarez de Ávila es un hombre persistente. Colecciona discos.
¿Qué importancia pudiera tener el hecho de atesorar añosos discos
de acetato de 78 revoluciones en la era de los CD? ¿A quién
interesará cuanto hace? ¿Qué legado dejará el día en que deje
de respirar? ¿Quiénes cobran vida cuando comienza a girar el plato
del tocadisco?
Lázaro Efrén Álvarez.
Llegué a su casa, en la
ciudad de Morón, un mediodía caluroso, con el mutismo de quien
prefiere oír, sin dar opiniones, expectante ante los 3 000 discos
de su colección.
Seguro que el tenor
italiano Enrico Carusso no imaginó que, pasados más de 100 años,
una aguja rasgara sus melodías y lanzara al éter Una furtiva
lágrima.
"Es
el disco más antiguo que poseo, de 1904. Es del sello Víctor y
constituye una de mis joyas más preciadas, aunque a decir verdad
todas las piezas tienen su valor, desde las de Carusso hasta la
Original de Manzanillo, Los Van Van y Los 5 Latinos, uno de los
últimos que adquirí."
La amplia colección
hace inmortales en el tiempo a María Teresa Vera y sus Veinte
años; Manuel Corona y su Longina, Carlos Gardel junto a Volver
y El día que me quieras... También dejan escucharse
agrupaciones como La Sonora Matancera, Lecuona Cuban's Boys, el
Trío Matamoros, y el Daniel Santos, entre otros.
Lo cierto es que a cada
rato despiertan muchos cantores "pinchados" por la aguja melodiosa y
obligan a sentarse a quienes los escuchan, de la misma manera en que
allá, por el año 1946, lo hacía su padre Efrén Álvarez Lleó,
contador público, jefe de la zona fiscal de Morón, hombre enjuto
de un amor desmedido por los ritmos cubanos.
"La
buena música no muere, asegura Lázaro. Estas placas no solo tienen
para mí valor material, sino patrimonial y sentimental. Cuando me
siento a escucharla, a mi lado está mi padre. No está
físicamente, pero fue él quien me enseñó el camino."
Cuando se le cayó un
disco y se hizo añicos ante los ojos inquisidores del padre,
Lázaro Efrén, a la edad de seis años, comenzó a interrogarse
sobre las viejas placas de acetato y, más acá en el tiempo,
decidió hacer suyas todas las que pudieran "habitar", sin
importarle en qué parte del universo estuvieran. Desde entonces
recorre la Isla en busca de discos. A veces los compra; las menos,
se los regalan.
A este joven, de 34
años, antes técnico de Sistema Eléctrico Industrial y ahora jefe
de planta nocturna de la emisora Radio Morón, solo le preocupa la
muerte, no por irse de este mundo, sino porque tendrá que dejar sus
discos y no sabe cuál será el destino de los acetatos. Al parecer,
Grettel, de seis años, no tiene la inclinación de su padre,
aunque, por un momento, llega ante el periodista y el entrevistado,
escucha un discoÁ y se detiene. Quizá algo la motiva.
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