BERNA, 20 de diciembre (PL).
— Suiza exigió hoy una respuesta oficial de Estados Unidos sobre
los vuelos de aviones al servicio de la Agencia Central de
Inteligencia (CIA), realizados en este país para trasladar a
sospechosos de terrorismo.
De acuerdo con fuentes del gobierno,
el secretario helvético de Estado, Michael Ambuehl, se reunió
recientemente con la embajadora norteamericana aquí, Pitzer
Willeford, para tratar el asunto de las escalas de esas naves
aéreas.
Sin embargo, medios de prensa
destacan que esas conversaciones fueron informales y, por ello, el
gobierno demanda una aclaración oficial por parte de Washington
sobre ese asunto.
Una comisión parlamentaria desea
conocer los datos en poder del ejecutivo federal y la posible
implicación de organizaciones públicas y los servicios de
inteligencia en el tránsito de aparatos de la CIA por esta nación.
El Ministerio de Aviación Civil
confirmó que al menos un avión fletado por el órgano de espionaje
estadounidense cruzó 19 veces el espacio aéreo de este país
europeo, aunque afirmó que desconoce si llevaba a bordo a
prisioneros.
Los desplazamientos efectuados por
esa aeronave, entre principios de 2003 y el 17 de febrero pasado,
contaban con la autorización de un organismo público suizo.
El último de esos vuelos fue entre
la base aérea norteamericana en la ciudad alemana de Ramstein y la
situada en la localidad italiana de Aviana, el mismo día en que la
CIA secuestró en Milán al imán Abu Omar, considerado como un
dirigente de la red Al Qaeda.
La prensa local estima que ese vuelo
de ida y vuelta el mismo día fue utilizado para trasladar a Omar,
aunque el Ministerio de Aviación Civil afirma que desconoce quien
viajaba a bordo del avión.
El gobierno helvético dispuso a
partir de ese hecho que todos los vuelos en el territorio federal
deben recibir una autorización, la cual confirme que de ninguna
forma violan las normas de protección de los derechos humanos.
La Unión Europea mostró
preocupación por esos vuelos, luego que versiones de prensa se
refirieron a las torturas a las que fueron sometidos los detenidos
por la CIA y a la posible existencia de cárceles secretas en
Rumania y Polonia.
Bucarest y Varsovia rechazaron las
versiones de la instalación en sus territorios de campos de
concentración para los referidos prisioneros.
La CIA realizó más de 800 vuelos de
ese tipo en Europa, tras los atentados suicidas del 11 de septiembre
de 2001 en Estados Unidos, para trasladar a sospechosos de acciones
violentas, muchos de los cuales fueron llevados a furtivos centros
de detención.