WASHINGTON, 19 de diciembre (PL).
— La administración estadounidense vive hoy inmersa en un
verdadero caos, en que el distanciamiento del presidente George W.
Bush y la mayoría republicana en el Congreso podría considerarse
su mayor pesadilla, según consenso de analistas.
Optimista por una mínima
recuperación tras los discursos pronunciados en las últimas dos
semanas acerca de Iraq, la noticia de su autorización para espiar a
miles de sus compatriotas sin contar con una orden judicial
significa un retroceso dentro de su gestión.
Después de las elecciones
parlamentarias celebradas el jueves en ese país árabe, la Casa
Blanca pensaba contar con el apoyo de los norteamericanos,
especialmente en el tema iraquí.
Sin embargo, la semana terminó con
la duda de los estadounidenses de si el presidente hace lo posible
para protegerlos y si, al hacerlo, su gobierno preserva las
libertades civiles.
Según el diario californiano La
Opinión, el Congreso debe dilucidar la cuestión del espionaje,
aclarar quién estaba al tanto, quién lo aprobó y quién se
perjudicó.
Las acusaciones son graves, pues este
tipo de infracciones a la intimidad y violaciones de la Primera
Enmienda se creían hasta ahora estrictamente limitadas.
Antes que Bush desatara su llamada
guerra contra el terrorismo, tales pasos requerían de una solicitud
de la Oficina Federal de Investigaciones a un tribunal especial
reunido ex profeso y en secreto en el Departamento de Justicia.
Además, los dos discursos
pronunciados por Bush el fin de semana, considerados de emergencia,
demuestran la preocupación de la administración, que en los
últimos días experimentó duros reveses.
No sólo la revelación del diario
The New York Times el viernes pasado sobre las actividades de
espionaje, ilegalmente permitidas por el mandatario, ocupó un lugar
en el caos político del gobierno.
Ese mismo día, y motivado por la
noticia, el Senado rechazó la aprobación final acerca de la
renovación del Acta Patriota, sancionada después de los atentados
del 11 de septiembre de 2001 como parte de la guerra antiterrorista.
Esta legislación, que había pasado
ya la Cámara de Representantes, hubiese hecho permanente una serie
de poderes ejecutivos sin precedentes.
De esa manera, el Acta queda en el
limbo, mientras una docena de sus provisiones fundamentales expiran
el próximo 31 de diciembre.
Previamente, el miércoles, más de
100 miembros de la mayoría republicana en la Cámara de
Representantes decidió unirse a los demócratas para apoyar la
legislación del senador republicano John McCain para prohibir el
uso de la tortura contra prisioneros.
Por 308 votos a favor y 122 en contra
fue respaldada la propuesta de McCain, que la Casa Blanca se negaba
a aceptar, pero luego llegó a un acuerdo con el legislador.
Tantos contratiempos dejan claro que
Bush atraviesa por el momento político más difícil en sus casi
cinco años en el poder, consideraron varios analistas.