El pincel de Maroto en la cárcel de Caimito

NYDIA SARABIA

En abril de 1930 llegó a La Habana, invitado por la Sociedad Hispano-Cubana de Cultura que presidía Fernando Ortiz, el pintor manchego Gabriel García Maroto.

Había sido editor del segundo libro de Federico García Lorca, titulado Libro de poemas, publicado en Sevilla en 1921. Cuando Lorca se fue a Nueva York, en 1929, allí se encontró con Maroto y juntos visitaron el barrio negro de Harlem para oír tocar jazz. Entonces el pintor trabajaba en México como plástico y dibujante de revistas. Lorca coincidió con Maroto en La Habana e hicieron un viaje turístico por Caimito del Guayabal donde el poeta lo instó a quedarse en ese pueblo para que enseñara el arte de pintar a los niños.

Cuando la Guerra Civil Española (1936-1939), que pronto cumplirá 70 años, Raúl Roa en su muy leído libro La Revolución del 30 se fue a bolina, informa que Maroto se alistó en las milicias españolas junto al periodista cubano Pablo de la Torriente Brau, que cayó en Majadahonda, el 19 de diciembre de 1936, hacen 69 años. Pablo y Maroto fueron ratificados como comisarios políticos por el Ministro de la Guerra de la República Española, Julio Álvarez del Vayo, y en un combate, Maroto fue herido de gravedad, pero lo cierto es que nunca perdió sus piernas.

García Maroto había nacido en Ciudad Real, la Mancha. Residía en México cuando supo del triunfo de la Revolución Cubana y vino a La Habana por segunda vez, en 1961. Estaba casado con una mexicana. Falleció en México en 1967.

De García Maroto han escrito en Cuba numerosos periodistas y escritores, entre ellos Alejo Carpentier quien le dedicó artículos en El Nacional, de Caracas elogiando su labor en los talleres para enseñar a pintar a niños cubanos de Caimito del Guayabal y Remedios, como le sugirió Lorca.

En las páginas de Social que dirigía ese gran caricaturista cubano que fue Conrado Massaguer, Maroto publicó elogiosos trabajos sobre los niños cubanos, a todo color, pues pintaron a Céspedes, Agramonte, Martí y otros patriotas cubanos. Uno de esos artículos lo tituló: "El estado de gracia del niño. Dibujos de niños cubanos", en 1930.

También escribió sobre su labor con los infantes cubanos, Jorge Mañach en la Revista 1930 al expresar:

"Hizo este año su agosto la cultura —por lo menos la pintura— cubana en el Caimito, un pueblo que nunca las vio mejores, en el zaguán de vuelta abajo. Allá se fue a vivir un día el pintor Gabriel García Maroto, prendado de una plazuela enlunada al filo de la carretera. Y durante una febril estancia de noventa días —con sus noventa noches— abrió en la llaneza puebleril un hueco acogedor para estas "cosas del espíritu", tan desvalidas entre nosotros; suscitó inquietudes, curiosidades, intransigencias, tolerancias; adiestró a la cordialidad primaria en los goces de una delicada camaradería, atenta a los problemas —con Maroto todo se vuelve problema— de la inteligencia y de la sensibilidad. Mantuvo así nuestro huésped, casi en plena manigua, a dos leguas o tres de la presunción habanera, un pequeño vórtice increíble de cultura y fervor humano".

En Caimito se dedicó Maroto a pintar en óleo a dos figuras que para él simbolizaban su paradigma ideal: Carlos Marx y José Martí y los donó al Centro Recreativo de Caimito del Guayabal. Algunos consideran que son de un estilo Art-decó y cuando los vimos estaban en bastante buenas condiciones a pesar del deterioro del museo de Caimito.

García Maroto dejó y pintó para los pobladores de Caimito una especie de cartel donde escribió:

Caimito del Guayabal".

Ante mi, Gabriel García Maroto, aprendiz de pintor y de escritor comparezco yo mismo y reconozco: que quedo profundamente agradecido al pueblo cuyo nombre estampo a la cabeza y al pie del diploma de sus generosos hombres, durante el tiempo que tuve el gusto de vivir en su cárcel.

Y para que conste, lo firmo y rubrico, a 30 de agosto de 1930 en Caimito del Guayabal.

Gabriel García Maroto.

Nota: Es mi voluntad que este documento pase a ser propiedad de mi amigo Manuel Acosta, una de las personas que ha tenido para mi mis mayores pruebas de estimación.

El óleo de Martí fue develado en un acto el 10 de agosto de 1930 y se imprimió en hojas por el Centro Recreativo de Caimito. En la actividad cultural, que presidió el señor Miguel A. de Miranda, hablaron Amado S. Fernández y Juan Marinello con un discurso sobre la personalidad de Martí y ofreció un recital de poemas martianos, Blanca Dopico.

La feminista Flora Díaz Parrado dictó su conferencia "Consideraciones acerca de cómo ven las mujeres a Martí". Al final de la actividad, usó de la palabra García Maroto, y luego develó su retrato de Martí.

Gabriel García Maroto vivió noventa días, en la cárcel de Caimito del Guayabal, pues no había nadie preso y eso también fue idea de García Lorca porque las paredes estaban blancas y eran buenas para pintar y se solicitó permiso al alcalde para que allí pasara sus noventa días y noches, el gran pintor de la Mancha.

 

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