WASHINGTON, 13 de diciembre (PL).—
Tras 14 semanas desde el paso del huracán Katrina por la costa
estadounidense del golfo de México, todavía existe una gran
cantidad de indigentes que viven en un verdadero limbo, asegura hoy
el diario The New York Times.
Tracy Jackson, Jerel Browns y sus
cuatro hijos son apenas un ejemplo de las miles de familias que aún
sufren la falta de ayuda gubernamental.
Ellos ni siquiera pueden alegrarse
por la decisión de Stanwood Duval, juez de distrito de Nueva
Orleans, de imponer a la Agencia para la Protección Civil (FEMA)
prorrogar por un mes, del 7 de enero al 7 de febrero, el pago de los
alojamientos a las víctimas.
Simplemente, la familia
Jackson-Browns ocupa ahora una pequeña habitación, que constituye
el decimocuarto lugar donde se alojan desde los trágicos sucesos
originados por Katrina, según el rotativo.
La secuela inmediata del huracán
expuso la profunda división entre quienes tienen y los que no en
Nueva Orleans, pues las familias de la clase media corrieron a los
hoteles, mientras que los más pobres entre los desposeídos
sufrieron la miseria del Superdome, fustiga el Times.
"No sabemos cuando vamos a tener
que recoger e irnos otra vez", precisó Browns, de 24 años,
cuyo apartamento cerca al centro de Nueva Orleans quedó destruido a
causa de un incendio tras el paso de la tormenta.
"Estamos apenas sobreviviendo.
No sabes dónde será tu próximo turno", agregó.
Algunas personas avanzan en la
reconstrucción de sus vidas, pero aquellos como Jackson y Browns,
quienes no están casados, no presentan diplomas de bachiller,
tarjetas de crédito o, ni siquiera, licencia de conducción,
conforman las legiones prisioneras en un limbo.
La señora Jackson, de 25 años,
realizó hace mucho la solicitud de un trailer de viajero a FEMA.
Sin embargo, todavía está en la lista de espera, junto a unas 78
mil familias, comenta el periódico.
Por el momento no pueden hacer otra
cosa que seguir compartiendo la casa de tres cuartos de la hermana
de Jackson, quien vive junto a su esposo y dos hijos, también
refugiados de Nueva Orleans.
Los dos hijos mayores de la pareja,
de 5 y 7 años, también han sufrido los cambios, y hasta ahora han
pasado por dos escuelas en un período de cinco semanas.