CARACAS, 13 de diciembre (PL).—
Las denuncias de un complot terrorista durante las pasadas
elecciones parlamentarias son la punta del "iceberg" de un
plan que pretende introducir la violencia en el país,
denunció el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Gracias a infiltrados dentro de los
grupos de extrema derecha, el gobierno detectó que continúan los
encuentros entre conspiradores civiles, militares y "hasta
gente de la Iglesia" y funcionarios del Gobierno
estadounidense, expresó Chávez.
Mediante una llamada telefónica
anoche al programa "Contragolpe", de Venezolana de
Televisión, el gobernante precisó que en esas conversaciones
participa también el ex líder empresarial y presidente de facto
durante el golpe de Estado de 2002, Pedro Carmona.
El presidente venezolano reveló que
las evidencias de la conspiración previa a las elecciones del
pasado 4 de diciembre, lo llevaron a llamar a algunos cuarteles, a
desplegar la Fuerza Aérea y a disponer de helicópteros artillados
durante esos días.
"No me van a agarrar como el 11
de abril de 2002", aseguró Chávez, en alusión al golpe de
Estado que lo apartó del poder durante tres días.
Precisó que las denuncias
presentadas por parlamentarios la semana pasada sobre un plan
terrorista, en el que los complotados estimaron morirían 15 mil
personas, constituyen la punta del "iceberg" de un
movimiento internacional para provocar la violencia.
Según su denuncia, algunos militares
golpistas que participaron en los sucesos de 2002 llamaron a varios
batallones en el estado de Guárico como parte de los planes
desestabilizadores, que incluyen la posibilidad de un magnicidio.
Chávez denunció también la que
calificó de grosera maniobra de observadores electorales
internacionales que convocaron a renovar a las autoridades
electorales luego de los comicios.
El jefe de Estado venezolano
consideró, asimismo, que la baja participación en las elecciones (25
por ciento) obedeció a fallas en los comandos de campaña, la falta
de un debate profundo y el triunfalismo.
Criticó en particular que en algunas
regiones las acciones se centraron en una operación electoralista
con bailes y fiestas, sin un discurso político, sin ideología y
sin propuestas coherentes.
Al respecto convocó a sus seguidores
a realizar un análisis objetivo de esa situación y no enmascararlo
con índices históricos ni comparaciones con los comicios
parlamentarios de otros países.
Al mismo tiempo ratificó el
propósito de ganar las elecciones presidenciales de 2006 con casi
10 millones de votos: "Estoy seguro de que lograremos ese
objetivo con un trabajo duro hecho con el alma", expresó
Chávez.