Rocío García o la perturbadora seducción

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ
cultura@granma.cip.cu

Es difícil permanecer impasible ante las imágenes de Rocío García. Sus composiciones inquietantes, sutilmente ambiguas, sostenidas por un oficio maduro, un dibujo de primer orden y una estética bien definida, ejercen una fascinación perturbadora, propia en todo arte que no se limita a reflejar la realidad, sino a cuestionarla.

Buen golpe, óleo de Rocío García.

Al fin se tiene al alcance de la mano un libro-catálogo de esta pintora cubana. Fue presentado en la fundación Ludwig de Cuba y acogido como una necesidad para aproximarnos de manera coherente a su obra.

El volumen, que por sí mismo es una obra de arte, recoge los hitos fundamentales de la creación de esta artista villaclareña entre 1986 y el 2003. Graduada de San Alejandro en 1975 —academia en la que todavía enseña— y más tarde de la Escuela de Leningrado (hoy nuevamente San Petersburgo), donde hizo una maestría en 1983, Rocío realizó su primera exposición personal en la galería de 23 y 12 en 1987. Desde entonces ha expuesto de manera individual en Cuba, España, Estados Unidos, Rusia y Francia y es presencia necesaria en múltiples eventos colectivos dentro y fuera de nuestro país.

En el centro de su repertorio icónico ocupa un lugar preponderante el erotismo, siempre en relación con la subordinación de género y la conflictividad entre lo masculino y lo femenino, la moral y la moralina, la autenticidad y lo superfluo. Pocos artistas han sido tan sinceramente lúcidos en esta clase de aventuras pictóricas. Esa es la majestad que le corresponde a Rocío y como tal hay que felicitarse por contar con un instrumento tan vivo para su disfrute y análisis como este libro-catálogo.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir