|
Elogio a la desmesura
Si se trata de la
Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, ¿quién dice que 20
años no es nada?
La
obra de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano desmiente el
verso cantado por Gardel: veinte años, cumplidos en estos días, se
miden en sueños realizados, aunque hayan muchas vigilias por venir.
Esta institución es
mucho más que la mítica casa radicada en la periferia habanera
donde vivieron sus fantasías poéticas los hermanos Loynaz, donde
una mujer que calza el mejor nombre posible para los menesteres de
hacer posible lo imposible, Alquimia Peña, se ocupa de la
dirección ejecutiva.
La Fundación es el
trabajo de su presidente, Gabriel García Márquez, homenajeado
ayer, que todos los años se desplaza a la Escuela Internacional de
San Antonio de los Baños para estimular a los jóvenes a contar
historias, es la propia Escuela, colosal empresa cuya permanencia y
sistemática creatividad la hacen única en el contexto del Tercer
Mundo, es el aliento y la semilla de Fernando Birri, Alfredo
Guevara, Julio García Espinosa y tantas y tantos mujeres y hombres
de cine, son los seminarios y talleres, los debates de ideas y la
obsesión por recuperar la memoria fílmica del continente; son los
amigos que han desafiado el bloqueo y aportado experiencias y
conocimientos en la Isla.
Noticias las da a sacos
llenos. Aquí van dos. Una, la presentación en La Habana, con la
colaboración de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) e
Iberautor de los libros Trincheras de celuloide, de Raúl
Horacio Campodónico; Pletóricas latitudes de la imagen, de
Joel del Río y María Caridad Cumaná; Un pez que huye, de
Rufo Caballero, y Sueños de realidad, de Fernando Pérez,
ensayos laureados en el concurso que auspicia la Fundación, con la
Universidad española de Alcalá de Henares. Otra: la firma de
nuevos acuerdos de cooperación con las universidades Rey Juan
Carlos, de España, y Veritas, de Costa Rica.
El primer día de la
Fundación, García Márquez la colocó en el camino de aportar a la
integración del cine latinoamericano: "así de simple y así de
desmesurado". Hay que comenzar a creer que la desmesura dejó de ser
el límite de la Fundación. (P.
de la H.)
|