BRUSELAS, 8 de diciembre (PL).—
Las explicaciones de la secretaria de Estado norteamericana,
Condolezza Rice, sobre los vuelos secretos de la CIA y cárceles
ilegales no parecieron arrojar hoy nuevos elementos a sus aliados
europeos.
Aunque algunos medios de prensa se
adelantaron a publicar la conformidad con las aclaraciones de Rice,
los europeos no esconden el amargo sabor de las palabras de la
funcionaria.
La polémica sobre los vuelos
secretos de CIA, unos 800, por este continente, denunciados por la
prensa estadounidense y europea, pareció ensombrecerse desde poco
antes de iniciar la secretaria de Estado el periplo por el Viejo
Continente.
El pasado lunes, la jefa de la
diplomacia dijo que algunos de esos vuelos se realizaron con el
consenso de los gobiernos de los países en cuyos aeropuertos
aterrizaron los aparatos fletados por la CIA para trasladar a
sospechosos de terroristas.
Entonces pareció aceptarlos y de
pasó de forma velada advirtió a sus homólogos sobre la
posibilidad de ponerlos juntos a Estados Unidos en el banquillo de
los acusados.
Luego comenzó la gira y las
negativas de que Washington autorice la tortura como instrumento de
lucha antiterrorista, aunque no descartó la posibilidad de que
subordinados abusen de prisioneros, como ocurrió en la prisión
iraquí de Abu Ghraib.
Tras un encuentro anoche en la sede
de la OTAN en esta capital, varios ministros de Exteriores se
manifestaron conformes con la explicación brindada por Rice.
A pesar de ello, algunos no
escondieron su decepción junto a la aparente conformidad, entre
ellos el belga Karen de Gucht, al asegurar que no se les informó
nada nuevo, ni se brindaron detalles sobre las operaciones de la
CIA.
Por su parte, el secretario de Estado
español de Asuntos Exteriores, Bernardino León, también aceptó
las explicaciones de la jefa de la diplomacia estadounidense.
Sin embargo, León aclaró que no se
abordó la existencia de las cárceles secretas en países del este
de Europa, en alusión a Rumania y Polonia, a donde eran llevados
los sospechosos de terroristas trasladados en los vuelos secretos.
De acuerdo con esas revelaciones la
satisfacción de los europeos parece pasar por el recordatorio de
Rice de que algunos gobiernos tenían conocimiento sobre el uso de
su territorio por aviones de la CIA.