En el aniversario 185 del nacimiento de Federico Engels

Amistad ejemplar para los siglos

ARMANDO HART DÁVALOS
nacionales@granma.cip.cu

Hace 185 años, el 28 de noviembre, nació en el seno de una familia rica protestante en la actual Wuppertal, en Alemania, Federico Engels.

En 1842 conoció a Carlos Marx y dos años más tarde decidieron trabajar juntos iniciando una colaboración que se prolongó hasta la muerte de Marx en 1883. De este diría ante su tumba que su nombre y su obra perdurarían a través de los siglos. En el 2005 podemos confirmar que esta inmensa sabiduría se mantiene viva. Pero hay más: ese legado se halla indisolublemente articulado a la enorme vigencia de las contribuciones del propio Engels.

La amistad entre estos dos genios es un hecho excepcional en la historia de las ideas, y de ello debemos extraer lecciones provechosas.

Carlos Marx, en los Manuscritos filosóficos de 1844, expresó que los sujetos se objetivizan en su relación con los demás. De ahí derivaba que el robo del fruto del trabajo producía, por tanto, la enajenación tanto en el explotador como en el explotado. Martí, en otro contexto, afirmó que el secreto de lo humano estaba en la facultad de asociarse. Medardo Vitier, al analizar el pensamiento de Luz y Caballero, manifestó que la verdad no está en lo objetivo ni en lo subjetivo, sino en la relación entre ambos. La relación entre los sujetos es pues un hecho esencial para encontrar los caminos de la verdad y del progreso humano. La amistad entre Marx y Engels nos dejó esta hermosa enseñanza. Tenemos ahí un ejemplo significativo para la educación, para la ética y para el desarrollo cultural.

Es oportuno repasar algunas observaciones de estos luchadores revolucionarios que evidencian de manera clara un pensamiento original, con posterioridad muchas veces reducido, ignorado o tergiversado.

En el primer punto de las Tesis sobre Feuerbach (1845, dadas a conocer por Engels en 1888), Marx apunta sobre los factores objetivo y subjetivo, lo siguiente: "El defecto fundamental de todo el materialismo anterior —incluido el de Feuerbach— es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo".

A Engels, particularmente, le preocupaba que la subjetividad fuera ignorada en el análisis de los procesos sociales y en la toma de decisiones prácticas por parte de los movimientos revolucionarios. De ahí que puntualizara en carta dirigida a José Bloch en 1890: "...según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda".

Y reconoció lo siguiente: "El que los discípulos hagan a veces más hincapié del debido en el aspecto económico, es cosa de la que, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo".

En relación con el papel de los valores de la superestructura y por tanto de la cultura, recomendamos volver sobre este párrafo de Engels extraído de la misma epístola a Bloch: "Este aspecto del asunto, que aquí no he podido tocar más que de pasada, lo hemos descuidado todos, me parece, más de lo debido. Es la historia de siempre: en los comienzos, se descuida siempre la forma, para atender más al contenido. También yo lo he hecho, como queda dicho, y la falta me ha saltado siempre a la vista post festum. Así pues, no sólo está muy lejos de mi ánimo hacerle un reproche por esto, pues, por haber pecado antes que usted, no tengo derecho alguno a hacerlo, sino todo lo contrario; pero quería llamar su atención para lo futuro hacia este punto".

Muestra altísima de su honestidad intelectual y de su constante labor crítica se tiene cuando ahonda en la referida carta sobre el tema que aquí desarrollamos: "Falta además un solo punto en que por lo general ni Marx ni yo hemos hecho bastante hincapié, por lo que la culpa nos corresponde a todos, en lo que nosotros más insistíamos y no podíamos menos de hacerlo, era derivar de los hechos económicos básicos las ideas políticas jurídicas y los actos condicionados por ella, y al parecer, al proceder de esta manera, el contenido nos hacía olvidar la forma".

Años antes, el 1886, a propósito del trasplante a Estados Unidos, por parte de trabajadores alemanes, de las ideas de Marx al seno de las colectividades obreras de ese país, alertó: "Nuestra teoría no es un dogma, sino la exposición de un proceso de evolución que comprende varias fases consecutivas. Es la exposición de un proceso de evolución".

Ello se correspondía con lo que ya había advertido el propio Marx en 1877 al dirigirse al populista ruso N.K. Mijailovski quien se hallaba permeado por la vulgarización de los textos marxistas en la época: "A todo trance quiere convertir mi esbozo histórico sobre los orígenes del capitalismo en la Europa occidental en una teoría filosófico-histórica sobre la trayectoria general a que se hallan sometidos fatalmente todos los pueblos, cualesquiera que sean las circunstancias históricas que en ella concurran, para plasmarse por fin en aquella formación económica que, a la par que el mayor impulso de las fuerzas productivas, del trabajo social asegura el desarrollo del hombre en todos y cada uno de sus aspectos. (Esto es hacerme demasiado honor y al mismo tiempo, demasiado escarnio) [...]

"Estudiando cada uno de estos procesos históricos por separado y comparándolos luego entre sí —prosiguió Marx—, encontraremos fácilmente la clave para explicar estos fenómenos, resultado que jamás lograríamos, en cambio con la clave universal de una teoría general filosófica de la historia, cuya mayor ventaja reside precisamente en el hecho de ser una teoría suprahistórica."

Engels enfatiza al respecto: "Toda concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación."

He tratado de subrayar con estas ideas la importancia que tanto Engles como Marx le daban a los valores de la superestructura, entre los que se destacan, en primer lugar, la cultura, la ética, el derecho y la solidaridad humana. Esto resulta fundamental para encontrar los caminos que nos conduzcan a las nuevas ideas socialistas en el siglo XXI. La amistad que se profesaron estos dos sabios y la fidelidad de Engels al legado de Marx después de su muerte es uno de los más elevados símbolos de la facultad humana de asociarse en la que José Martí apreciaba precisamente el secreto de lo humano.

 

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