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África y América Latina en Venezuela (1)
Ante el espejo
PEDRO
DE LA HOZ Enviado especial
pedro.hg@granma.cip.cu
LA GUAIRA, Venezuela.—Tres
días no bastan para cambiar al mundo, pero al menos ayudan a
entenderlo de una manera diferente. Fue como colocarnos, unos y otros,
frente a un espejo que nos devolvió ciertas imágenes comunes que nos
debíamos. Así acaba de suceder aquí, en esta localidad del litoral
venezolano, durante el encuentro de intelectuales de África y
Ámérica Latina, enmarcado en el Primer Festival de la Cultura de los
Pueblos de África.
Miguel Barnet.
No es casual que se
escogiera a La Guaira como escenario del encuentro. Muy cerca del
centro de convenciones de Puerto Viejo se halla Punta Mulato, un tramo
de costa por el que desembarcaron miles de esclavos africanos,
traídos a la fuerza a tierra firme y encerrados en un cebadero donde
a los sobrevivientes de las penosas travesías se les alimentaba a fin
de que los compradores de las "piezas de ébano" valoraran más la
mercancía humana.
Rogelio Martínez Furé.
Para los latinoamericanos
nos es vital comprender el pasado y la actualidad de África, en tanto
se avizora un destino de amenazas y desafíos compartidos, pero sobre
todo por la posibilidad de luchar por la conquista de la esperanza. De
ahí que escritores, investigadores y académicos de diversas
disciplinas, procedentes de Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Perú,
Bolivia, República Dominicana, Brasil y Cuba, junto a un nutrido
grupo de venezolanos, tendieran puentes de entendimiento con colegas
de Marruecos, Egipto, Sahara Occidental, Libia, Mali, Cabo Verde,
Ghana, Zambia, Zimbabwe, Guinea Ecuatorial, Somalia, Sudáfrica,
Congo, Kenia, Namibia y Senegal.
Las bases para el diálogo
quedaron establecidas por el ministro de Educación y Deportes de la
Venezuela bolivariana, Aristóbulo Istúriz, al definir el encuentro
como el "cerebro" del Festival Cultural. "El Festival tiene un cuerpo,
y este debe ser el cerebro desde donde se piensen y creen alternativas
para un mundo mejor y distinto que es posible con la relación y
cooperación Sur-Sur. Tenía que haber un espacio de intelectuales,
pensadores de quienes reflexionan y tienen más fortalecido el
espíritu crítico para tener más fuerza y avanzar en la
construcción de un nuevo mundo y podamos transformar la forma como se
nos ve".
En una de las mesas de
trabajo instaladas se ventiló ampliamente el tema de la diáspora
africana y sus contribuciones a la conformación de las culturas
americanas. Lúcido fue el aporte del escritor cubano Miguel Barnet,
presidente de la Fundación Fernando Ortiz, al referir el papel del
cimarronaje como uno de los hitos fundacionales de la cultura
afroamericana y caribeña, presente en todas aquellas expresiones que,
de una forma u otra, se enfrentan y transgreden las normas impositivas
de los sistemas discriminatorios que pretenden perpetuar la asimetría
de las relaciones sociales heredadas de los tiempos de la esclavitud y
la colonia.
Las experiencias cubanas
sobre el registro, conservación y exaltación del legado africano,
que tiene uno de sus puntos culminantes en el programa de La Ruta del
Esclavo, expuestas aquí por Barnet, concitaron la atención de los
intelectuales africanos y latinoamericanos.
También destacaron los
aportes de Rogelio Martínez Furé, fundador del Conjunto Folclórico
Nacional y uno de los más prominentes africanistas cubanos, quien
ilustró cómo el movimiento y la gestualidad fueron y siguen siendo
utilizados por los afrodescendientes para oponerse a los modelos
impuestos a la fuerza. "El cuerpo —apuntó— y su libre y gozosa
celebración a través del baile, funcionó, porque la música
generada en nuestras tierras a partir de la herencia africana y su
mestizaje con las europeas, no sujetó al oyente y al danzante a la
rigidez de un esquema dominante. El propio cuerpo alcanzó una
sensación de realidad, belleza, libertad y rebeldía en el movimiento".
No pocos de los
intelectuales africanos se interesaron por la labor de Martínez Furé
como traductor y difusor de la poesía africana. De igual modo
manifestaron su admiración por la persistencia con que el Conjunto
Folclórico Nacional de la Isla ha llevado su legado por más de
cuatro décadas a los escenarios del mundo.
De labios de los africanos
supimos la dimensión de la tragedia que viven muchas de sus
poblaciones, enajenadas por el modelo neocolonial que margina sus
culturas. Pero también supimos de valiosos empeños por afirmar sus
identidades.
"Estamos
en el deber de reconocer nuestros íconos y situarlos en el centro de
los procesos creativos" —afirmó la sudafricana Peggie Kekeletso. El
viceministro zambiano de Cultura, Ferdinand Williams, alentó la
necesidad de fomentar estudios interdisciplinarios, a uno y otro lado
del Atlántico, como premisa para el conocimiento mutuo entre
africanos, latinoamericanos y caribeños.
Muchas y variadas fueron
las propuestas para avanzar por ese camino. Pero será mejor
comentarlas en el artículo de mañana.
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