Parks, una rosa combativa y refulgente

"Sin visión la gente perecerá y sin valor e inspiración los sueños morirán, los sueños de paz y libertad", dijo la madre de la lucha contra el racismo en EE.UU., fallecida ayer

MARTA ROJAS
marta.rr@granma.cip.cu 

Todos los que luchan por una razón conocen su nombre, o deben conocerlo. Rosa Lee Parks, que murió ayer martes a los 92 años, fue un símbolo de rebeldía y tesón que obligó al Gobierno de su poderoso país a reconocer sus derechos y el de todos los norteamericanos negros.

Un día de 1955, Rosa Lee Parks tomó el autobús que la llevaría de vuelta a casa luego de una larga jornada de trabajo. Era entonces una mujer negra de poco más de 40 años, formalmente vestida con un traje oscuro. En un segundo haría cambiar la actitud "mansa" de una colectividad, legalmente libre pero brutalmente marginada. La sección destinada a los viajeros negros estaba llena y ella ocupó un asiento vacío en el área de los blancos. Muy pronto llegó uno de estos y el conductor le exigió a Rosa que se levantara inmediatamente y le cediera su puesto al "caballero". Ella no lo hizo. Se negó rotundamente. El autobús paró la marcha. El arresto de Rosa Lee Parks provocó un boicot de 381 días en el sistema de autobuses, organizado por un norteamericano en aquellos días apenas conocido: Martin Luther King Jr. La guerra en defensa de los derechos civiles había comenzado. Estalló en Montgomery, Alabama.

La amenaza fue contundente, tenía que comparecer ante la justicia. En el autobús estaban muy bien marcados los asientos para negros y para blancos, sobre todo en el sur de los Estados Unidos. Y no solo en los autobuses, sino en los baños de establecimientos públicos, en las cafeterías, dondequiera. Ella había violado una Ley.

El boicot a las líneas de ómnibus se generalizó. Si había que ir a pie al trabajo, pues a pie: Rosa Lee Parks tenía razón y exigía justicia. Hacer valer la Constitución de su propio país. Establecer una ley que prohibiera la segregación racial.

Martin Luther King Jr. tenía 25 años de edad y oficiaba como ministro en una iglesia bautista. Esa fue primera tribuna para denunciar lo sucedido a Rosa Parks y reclamar con ella, y todos los hombres y mujeres de espíritu rebelde, que se pusiera fin a la segregación racial en su país. Fue más allá: también en las escuelas públicas. En todas partes. Era el inicio y desarrollo impetuoso de la lucha contra esa aberración social en los Estados Unidos, que involucró también a muchos blancos y hombres y mujeres de diverso origen étnico, personas de altos valores éticos.

En febrero de 1960, cuatro jóvenes negros estaban sentados en un restaurante de Greensboro, Carolina del Norte, perteneciente a la famosa cadena Woolworth (Ten-Cent) y fueron amonestados por violar la segregación. Estos tomaron la antorcha insumisa de Rosa Lee Parks junto a sus amigos simpatizantes. Ella declaró rotundamente: "Habíamos soportado ese tipo de tratamiento durante demasiado tiempo".

La rebelde del autobús —la costurera de Montgomery—, y Martin Luther lograron sumar a la lucha a decenas de miles de personas en estados tan racistas como Alabama, Florida, Louisiana, Tennesse, Texas, Georgia, Virginia y Carolina del Sur.

No pudo con ellos ni siquiera el Ku Klux Klan, más activo que nunca en contra de los derechos civiles de los afronorteamericanos. El lema del candidato a gobernador de Alabama, George Wallace, remarcaba tozudamente: "Segregation now. Segregation tomorrow. Segregation forever". (Segregación ahora. Segregación mañana. Segregación para siempre).

Se sucedieron marchas pacíficas, multitudinarias contra la segregación, a la cabeza Luther King (luego Premio Nobel de la Paz), y el símbolo imperecedero de Rosa Lee Parks, activa propagandista.

El estado norteamericano tuvo que acceder a sus demandas. Una ley al respecto fue aprobada en 1964. Luther King resultó asesinado en 1968.

Sabemos que los prejuicios y la discriminación abusiva e insolente no han cesado en los Estados Unidos, y que las administraciones ultraconservadoras y fascistas piensan como Wallace en su tiempo. Sin embargo, las cosas son muy diferentes. Hay un antes y un después de victoria y esperanza, a partir del día en que Rosa Lee Parks, se negó a pasarse de su asiento en el ómnibus para cedérselo "obligatoriamente" a un hombre blanco.

Hasta su muerte Rosa Lee Parks fue venerada en Detroit, donde vivía desde 1957. Una escuela y una calle llevan hoy su nombre. A todos les dijo siempre: "Sin visión la gente perecerá y sin valor e inspiración los sueños morirán, los sueños de paz y libertad".

 

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