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Desde Venezuela
Los aprietos de Yiya
Ventura
de Jesús, enviado especial de Granma
Es lógico deducirlo.
Edilia Ballesteros Méndez debió verse en apuros en su encuentro
con las comunidades indígenas. El primer día que estuvo delante de
los pobladores autóctonos de estas tierras tuvo que sobreponerse
para que no advirtieran su turbación.
Yiya muy feliz de haberse encontrado con comunidades indígenas.
"Pero
sobreviví", dice y sonríe al recordar aquellos primeros
encuentros. "Con el tiempo resultó una experiencia muy bonita y
reconfortante. Tuve la oportunidad de convivir con ellos y conocer
sus costumbres y necesidades más perentorias. Pude inclusive
superar las barreras del idioma. La señal que más me impresionó
es que son personas precisadas de afecto y muy agradecidas.
"En
mis intercambios con el capitán o cacique siempre transmitían su
gratitud a Chávez y a los cubanos por haberles ofrecido la
posibilidad de salir de la exclusión a la que han estado sometidos
desde hace muchísimos años.
"Allí
me crecí como profesional y como persona. Por momentos pensé que
las fuerzas me iban a faltar para montar las curiaras (canoas hechas
de tablas de palma) y bajar y subir las montañas, pero siempre
ocurrió lo contrario. Cuando llegaba a la aldea y veía los ojos
agradecidos de los indígenas me llenaba de vitalidad para seguir
adelante".
Yiya, como la llaman
cariñosamente, ya excedió los dos años en Venezuela. Integra uno
de los primeros grupos de educadores cubanos que colaboraron en la
Misión Robinson. Llegó a la Patria de Bolívar cuando apenas
había comenzado ese gran sueño por la independencia cultural que
solo concluiría con la erradicación del analfabetismo.
"Me
desempeñé como asesora en el estado de Bolívar, el de mayor
extensión en todo el territorio nacional. A mi llegada me encontré
con un triste escenario en el ámbito educacional. De inmediato nos
dimos a la tarea de demostrar en la práctica que era posible
erradicar esa pandemia del alma que es la ignorancia con el novedoso
método Yo, sí puedo.
"No
resultó nada fácil. Fue necesario desplegar mucha audacia.
Existía una muchedumbre ansiosa de aprender a leer y escribir .
Había un mínimo de recursos pero una gran voluntad política. Fue
preciso preparar en tiempo récord a quienes fungirían como
facilitadores y coordinadores de la Misión. Ha sido una epopeya
diaria a lo largo de estos años."
Yiya es oriunda de
Matanzas. Confiesa que todos los días emprende su jornada laboral
sin apartar la vista y el corazón de su querido terruño. Especial
aliento le infunden su hija Yiliena y su esposo Moisés.
"Otra
puerta que se ha abierto de par en par es el cariño de mi madre y
el recuerdo de mi padre. Ella vive orgullosa de cuanto hago, y no se
da cuenta que todo se lo debo a ellos, por la educación que siempre
me inculcaron. Nunca defraudaré su confianza."
Yiya es paciente y
perseverante, con un cierto deleite por el rigor y la disciplina. Es
un "defecto" afortunado que le evita malograr sus propósitos. Desde
hace algún tiempo se desempeña como Asesora Principal de la
Misión Robinson en la Dirección Nacional, labor a la que se ha
entregado con pasión y responsabilidad.
En medio de las prisas y
los sobresaltos de estos días, ante la inminencia de declarar a
Venezuela Territorio Libre de Analfabetismo, la educadora yumurina
no puede disimular una ansiedad con la que alcanza a contagiar a sus
compañeros más allegados.
¿Nerviosa o feliz?
"En
realidad es la mezcla de varios sentimientos, pero sin lugar a dudas
prima la dicha y la felicidad. Atrás quedó para siempre el sistema
de privatización y exclusión que implantó el neoliberalismo a la
educación en Venezuela.
"Ahora
recuerdo con nitidez los apuros que pasé aquella mañana de
septiembre del 2003 y la cara perpleja de los indígenas cuando
llegamos con la propuesta de enseñarlos a leer y escribir. Ellos no
estaban preparados, pero les hicimos saber que podían...y pudieron." |