Interesante ciclo en la Cinemateca

Más cerca del Lejano Oriente

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

Nombres que comienzan a sonar, estéticas inquietantes, sensibilidades diferentes se perfilan como una incitación para asomarse al ciclo que desde hoy y hasta el martes 18 de octubre ofrece la Cinemateca de Cuba, en la sala Chaplin, para saludar el festival Cine Plaza' 05.

Zato Ichi dará la medida del genio del japonés Kitano.

El título, sin lugar a dudas, resulta geográficamente equívoco: Grandes directores contemporáneos del Asia Suroriental, puesto que de esa región presenta únicamente filmes de los tailandeses Pen Ek Ratanaruang y Apichatpong Weerasethaki y se obvian realizaciones de Viet Nam y Malasia, dos países que cuentan con prominentes singularidades. Debería hablarse de cine del Lejano Oriente: China, Japón, Corea del Sur. Y, en verdad, de esos territorios se exhibirán obras referenciales.

Para comenzar, hoy mismo, el regreso del ciego espadachín, Zato Ichi, en la versión del alucinado japonés Takeshi Kitano. El crítico Antonio Mazón Robau considera que "los filmes de Kitano presentan un mundo violento y sin salida, poblado por los yakuza o mafia japonesa, en los que se hace presente una vena poética, en imágenes recurrentes, donde el mar es el símbolo de una felicidad precaria e ilusoria que sus personajes (y el espectador) intuyen como posible pero distante". Zato Ichi (2003) arrasó con los premios de la Muestra de Venecia el año pasado. Ahora acaba de regresar a la ciudad italiana de los canales para desconcertar al público y la crítica con Takeshis, una especie de reflexión sobre sí mismo, donde el laureado realizador, el actor de renombre internacional, el pintor naif, el escritor autobiográfico y el yakuza con la espalda tatuada se desdobla hasta el paroxismo.

Entre las propuestas de China, sobresale en la muestra el caso de Zhang Yang. El martes 11 y el miércoles 12 se proyectarán La ducha y Quitting, que reflejan conflictos humanos de la China de hoy. En la primera trata sensiblemente la mirada que ejercen los más jóvenes sobre antiguas costumbres; y en la segunda hace revivir al reconocido actor Jian Hongseng el drama de su propia vida, entre la popularidad y las drogas.

 

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