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Temas del béisbol
Dopados en 3 y 2
ALFONSO NACIANCENO
alfonso.gng@granma.cip.cu
Rafael
Palmeiro, pelotero de las Grandes Ligas (MLB, siglas en inglés),
fue sancionado recientemente a permanecer fuera de juego por 10
días tras comprobarse que se había dopado.
Tan pronto corrió la
noticia, el presidente W. Bush intentó devolverle la credibilidad
en un esfuerzo en el que solo demostró estar "wild": "¡Yo confío
en Palmeiro, es mi amigo personal!", declaraba el jefe de la Casa
Blanca.
Ni la tabla de
salvamento lanzada por su admirador le valió al hombre para evadir
el ridículo que lo dejó como Dios pintó a Perico ante la opinión
pública estadounidense. El inicialista y bateador designado de los
Orioles de Baltimore compareció el 17 de marzo de este año a una
audiencia del Comité de Reformas del Congreso que analizó la
situación del doping en distintos deportes, y allí declaró bajo
juramento que nunca había empleado sustancias prohibidas, mientras
levantaba su dedo acusador contra otras figuras. Meses después, el
primero de agosto, le descubrieron su trampa.
La utilización de
esteroides entre los beisbolistas profesionales está enraizada y
será muy difícil de erradicar. Para muchos, las sanciones
impuestas por la MLB hasta hoy —nueve violadores penalizados—
distan bastante de las contempladas por la Agencia Mundial
Antidopaje (AMA), porque, entre otras razones, Donald Fehr, líder
del Sindicato de Jugadores, y Bud Selig, su comisionado, han hecho
poco por establecer una política ejemplar y efectiva en aras de
sepultar el mal.
Si un pelotero incurre
en la falta por primera vez, es suspendido durante 10 días. Si
reincide, queda fuera del diamante por un mes; si cae una tercera
vez la sanción alcanza los 60 días, y solo cuando es sorprendido
por cuarta ocasión lo separan del espectáculo durante un año.
Más eficaz se considera
la determinación de la AMA, que en un momento inicial impone dos
años de suspensión al infractor y lo elimina de por vida si es
repitente. La comparación entre los procederes de la MLB y de la
AMA dejó al descubierto la blandenguería de los directivos
norteamericanos, bien distantes de ponerle coto a una práctica tan
perniciosa.
Comprobada la inercia de
Fehr y Selig (¡vaya usted a saber qué grado de comprometimiento
tendrán en esta maraña!), los legisladores reunidos en Washington
amenazaron con tomar las riendas del problema e imponer en la MLB
los mismos reglamentos antidopaje existentes en el mundo. La sola
mención de estas intenciones les puso los pelos de punta a los
camajanes administrativos del negocio.
El propio Fehr se dejó
cantar el tercer strike cuando el senador John McCain, presidente
del comité investigador del escándalo por dopaje en las
organizaciones deportivas de Estados Unidos, lo criticó: "Usted y
los jugadores están viviendo en una atmósfera tan enrarecida que
no entienden la trascendencia de este asunto". Estos burócratas del
músculo han hecho caso omiso a la influencia que pueden ejercer
renombrados atletas de cualquier disciplina en la formación de
hábitos de conducta en la juventud, que los toman como su modelo a
imitar.
Aunque el pataleo mayor
tiene su escenario en la MLB, también fueron convocados para
analizar la situación los comisionados de la Liga Nacional de
Fútbol Americano (NFL), los de la NBA (baloncesto) y la cúpula de
la NHL (hockey sobre hielo), en medio de un ambiente de excepticismo
y urgencia, mientras flota en el ambiente la idea de que la mejor
solución sería sumar a estas organizaciones a los postulados de la
AMA.
A pesar de la reprimenda
recibida ante el Congreso, el señor Fehr no ofreció una fecha
definitiva para el establecimiento de un nuevo y más severo código
de sanciones en torno al tema del doping, propuesta que quizá no
cobre forma hasta el mes de noviembre.
Los representantes de
las Grandes Ligas están en 3 y 2, su desidia y alto grado de
comprometimiento han llevado a estos burócratas a un punto de no
retorno, mientras los malos ejemplos ganan espacios en la prensa y
en las mentes de los estadounidenses preocupados por la salud de su
deporte. |