Villa Bolívar cuenta su historia

Texto y fotos: RONALD SUÁREZ RIVAS

PINAR DEL RÍO.— Alejandra Cruz ya no volverá a angustiarse cuando el cielo anuncie tormenta ni verá otra vez su casa sin techo, con las puertas y las ventanas rotas y las paredes blancas por el impacto del mar y la acción del salitre, como le sucedió hace un año, tras el paso del huracán Iván.

Camino a la nueva escuela.

Hoy, en su vivienda nueva en Villa Bolívar, municipio pinareño de Sandino, se siente a salvo de ciclones y de los recuerdos que con frecuencia la importunaban y la decidieron a abandonar Guanahacabibes, donde siempre vivió.

Después del paso de Iván, Alejandra permaneció aún varios días evacuada por temor a hallar su casa —que ya había sido dañada por los huracanes Isidore y Lili—, nuevamente arruinada. Me dijeron que todo estaba destruido; no hacía más que llorar, rememora.

En efecto, era desolador el panorama que encontraron los vecinos del poblado de La Bajada, en el extremo occidental de Cuba, después de sortear la carretera, obstruida por los árboles derribados y a ratos indescifrable, porque el pavimento estaba destrozado y disperso, cubierto de arena y corales.

También Lidia Carrasco se siente feliz, y por partida doble. La suya es otra de las 150 familias beneficiadas con la entrega de viviendas construidas por la solidaridad de la República Bolivariana de Venezuela en Sandino, y tuvo la dicha de ser visitada por los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez, minutos antes de que inauguraran Villa Bolívar.

Lidia guarda con celo el vaso de Fidel.

"Recorrieron toda la casa y me hicieron varias preguntas sobre sus comodidades. Yo estaba nerviosa, pues cumplía uno de mis principales anhelos: ver de cerca a los dos Comandantes. Y no solo los vi, sino que me abrazaron y Fidel me besó en la frente dos veces."

De aquel encuentro aún conserva un vaso de cristal transparente en el que, afirma, le llevaban agua a Fidel durante el programa Aló, Presidente. "Aquí lo guardo para que cuando vuelva lo use de nuevo".

Lidia residía en el pequeño puerto pesquero de La Fe, cuando en el año 2002 la penetración del mar provocada por el huracán Isidore destruyó su hogar con todas las pertenencias dentro. Ahora solo tuve que traer la ropa y la olla arrocera, que ya había comprado —comenta—, pues me entregaron la casa equipada.

Como las de Alejandra y Lidia, otras familias llegadas de diferentes comunidades del occidente pinareño —la zona tradicionalmente más castigada por esos fenómenos atmosféricos— muestran satisfacción y agradecimiento.

Amanecer en Villa Bolívar.

Yo fui operada en el 2000 y no puedo trabajar, mis dos hijas estudian. Teníamos muy pocas posibilidades de construir, explica Nerys González. "Estoy muy contenta con mi casita, mejor no la quiero", asegura Odelina Borrego, y Benita Torres le da la razón. Vivíamos hacía años en una casita temporal y de la noche a la mañana me veo en una casa de tres cuartos. Esto es un sueño, dice.

Es la cuarta semana de Villa Bolívar, y la vida aparece organizada y normal. A pesar de ser un poblado heterogéneo, con gente de procedencia y costumbres diferentes, los vecinos afirman haberse integrado rápidamente a la comunidad.

Ramón Acosta, coordinador de los CDR, cuenta que "llegamos aquí el 19 de agosto y ya el 20 se habían constituido, en reuniones con todos los vecinos, los seis comités de cuadra y el comité zonal. Inmediatamente se organizó la guardia y comenzamos a trabajar en un plan de actividades por el 28 de Septiembre".

Además existe una organización de base de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, con 20 integrantes, experimentados en la lucha de la Sierra, la clandestinidad, Angola, Etiopía; avanzan para la constitución de las delegaciones de la FMC y se agrupa a los vecinos en la defensa.

Osmani Lago, vicepresidente del Gobierno en Sandino, informa que en el poblado hay familias de todo el municipio. "El traslado de las mismas tardó dos días y medio. Previamente se había realizado un diagnóstico de salud a los futuros pobladores, y se definió dónde continuaría sus estudios cada niño al comenzar el curso escolar".

"Todos los vecinos se vincularon a un consultorio médico cercano y a una bodega que tenía condiciones para ampliarse", explica.

¿Y el empleo?

"Quienes necesitaban cambiar de trabajo —asegura Osmani— han tenido una respuesta según su profesión u oficio. Incluso algunas mujeres que eran amas de casa y solicitaron empleo, lo han recibido."

En la solución de detalles constructivos pendientes continúa trabajando una brigada. Parte de ella permanecerá encargada del mantenimiento.

Nostalgias aparte por los vecinos que quedaron atrás, por los animales que no se permiten en el poblado (por motivos de salubridad), cada amanecer sorprende a Villa Bolívar en medio de su propia dinámica. Niños y adolescentes con uniformes marchan hacia sus nuevas escuelas. Los hombres y mujeres, al trabajo. El Libertador, desde el centro de la plaza, como en Angostura, parece fijar su mirada en los siglos futuros, con admiración y pasmo, por la vida que ha recibido esta vasta región.

 

 

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