Vinardell, pérdidas y ganancias

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Los caminos de la abstracción en Danilo Vinardell no son tan "abstractos". Sus cuadros están nutridos por la sustancia de la memoria, por un flujo temporal que se revela en cada trazo, en cada iluminación, en cada aspereza.

El joven artista santiaguero, a quien celebramos cuando a inicios de este lustro asomó su arte como parte de la saga del abstraccionismo cubano, asienta cada vez más su impronta personal.

Así puede verse en la exposición Pérdidas irreparables, que quedó inaugurada la pasada semana en la galería capitalina La Acacia.

Vinardell ha logrado aquí despojarse de toda señal accesoria, si es que la hubo en su pintura. Concentra su discurso, lo decanta hasta brindarnos las más puras esen-cias de una visión de los estropicios del tiempo en la superficie de las cosas, de la erosión del paisaje urbano, de la transitoriedad de la materia.

Combate con la tela hasta lograr texturas que poseen un mismo valor discursivo al de la composición, que en su caso se afirma en un difícil y raro equilibrio, que nos da la sensación de estar flotando entre los rasguños, las manchas y las fantasmales reminiscencias figurativas.

Es parco el despliegue cromático, pero cuando lo acentúa hace crecer la metáfora que nos propone. Es evidente el ejercicio de un tema con variaciones, pero el artista no se repite, sino que nos instala en diversas perspectivas del problema pictórico. A ello contribuye, con particular acierto, el entorno museográfico preparado por el arquitecto José Antonio Choy, uno de nuestros más calificados especialistas.

En resumen, más que pérdidas, son ganancias las que nos anticipa Danilo Vinardell con esta exposición, en la que demuestra cómo lejos de agotarse, las posibilidades de la abstracción para decir cosas concretas se tornan sumamente actuales y necesarias en el medio artístico cubano.

 

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