Estados Unidos secuestra una Cumbre

JOAQUÍN RIVERY TUR

Cualquiera que esperara otra cosa del documento aprobado por un grupo de países para que sirva de base de discusión al recién iniciado periodo 60 de sesiones de la Organización de Naciones Unidas (ONU), ha estado completamente equivocado.

Del reporte de unas 40 páginas, ningún país subdesarrollado podía esperar nada bueno, teniendo enfrente a un Gobierno de Estados Unidos completamente dedicado a implantar el dominio imperial y a un grupo de países que lo obedecen por alianza, conveniencia o presión.

Así, el periodo 60 de sesiones de la Asamblea General de la ONU comenzó con el augurio de que las naciones industrializadas van a usar cualquier método, por sucio que sea, para reforzar sus planes de convertir a la ONU en franco instrumento de dominio sobre el planeta.

Inicialmente, esta reunión cumbre fue convocada para realizar un balance de las Metas del Milenio, objetivos que se trazaron en la Asamblea General en el año 2000 y cuya finalidad era la de reducir la pobreza global en un 50% para el 2015, algo imposible debido a que los países industrializados no desean comprometerse de verdad. El documento no le hace caso a esta intención —el desarrollo—, que es el problema fundamental de la humanidad hoy día.

La negociación no fue abierta, primer síntoma de falta de democracia. Quedó en un equipo de representantes de algo más de 30 países, entre los cuales reinó desde el primer momento la división, por la diferencia de enfoques entre los ricos y los pobres, entre los agresores y los posibles agredidos, y al final fue aprobado por una mayoría presionada, con las reservas de Cuba y Venezuela.

El hecho de que el tema del desarrollo fuera marginado y los ricos lograran imponer aspectos como la reforma de la ONU —y en ella una serie de pretensiones que dejarían en mala posición a los subdesarrollados en caso de aprobarse—, marcó un secuestro de la Cumbre, a la que asisten decenas y decenas de líderes de todas partes del mundo.

Es preciso señalar que hubo fuerte oposición por parte de los representantes del Grupo de los 77 y el Movimiento de Países No Alineados y lograron eludir los aspectos más peligrosos, pero los gobiernos del llamado Primer Mundo impusieron la eliminación de numerosos acápites reclamados por la parte pobre del planeta.

En el documento, por ejemplo, se propone la creación de una Comisión para la Construcción de la Paz que no establece número de miembros, pero se indica que habrá representación de los que más contribuyan con tropas y dinero, y ¿a quién podría favorecer semejante premisa? A Estados Unidos y al G-7.

La Comisión de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, se plantea convertirla en un Consejo, sobre el cual no se dice nada más en un texto diluido, pero se sabe que las intenciones de Washington son reducir todo lo posible el número de miembros —se hace más manejable y presionable— y reforzar la institución en un instrumento para condenar a países subdesarrollados cuando los del Norte consideren que hay violaciones de los derechos humanos. Es abiertamente unidireccional.

El documento insta a fortalecer la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, a la que se duplicaría el presupuesto en los próximos cinco años, contrariamente a lo que sucede con otras entidades que forman parte del sistema de la ONU, a las cuales se reducirían las asignaciones de recursos.

Washington impidió que se recogieran sustancialmente en el documento, la ayuda al desarrollo, el tema del medio ambiente, y aun se opuso a la mención de las Metas del Milenio y a la inclusión del Tribunal Penal Internacional, bajo cuya jurisdicción podrían caer sus soldados cuando cometen delitos atroces como los comprobados en Iraq, Afganistán y el territorio ilegalmente ocupado de la base naval de Guantánamo, donde hoy se desarrolla una huelga de hambre masiva entre los presos sin acusación hace ya varios años.

Los países ricos presionan para un convenio sobre terrorismo internacional, antes de que concluya el periodo de sesiones de la Asamblea General, el próximo año, y, de hecho, ya Rusia y Estados Unidos firmaron un acuerdo del Consejo de Seguridad en el que se insta a los países a promulgar leyes que prohíban la incitación al terrorismo y fortalezcan las políticas para prevenir conflictos.

Washington y sus aliados rehúyen, sin embargo, definir qué cosa es terrorismo para evitar que acciones contra civiles como en las agresiones a Yugoslavia, Afganistán e Iraq sean incluidas en este concepto, y, sin embargo, impidieron que se incluyera el sagrado derecho de los pueblos a la resistencia armada a una invasión y que se dijera que los ataques a civiles no pueden estar justificados.

Sobre el desarrollo, punto clave en la prioridad de los países pobres, solo se hizo el reconocimiento de que la movilización de recursos financieros es fundamental para luchar contra la pobreza. Y no más compromisos. Ni hablar de la ayuda oficial al desarrollo.

Abelardo Moreno, vicecanciller cubano, criticó párrafos del acápite sobre responsabilidad de proteger poblaciones del genocidio, crímenes de guerra, limpiezas étnicas y crímenes contra la humanidad y derechos humanos, porque el planteamiento sería un mecanismo de intervención de los poderosos en los países subdesarrollados y porque, además, "las posiciones que se adoptan en estos párrafos en nada garantizan que se puedan evitar los dobles raseros, la politización y la selectividad que han caracterizado hasta ahora a los órganos de derechos humanos de esta organización", agregó.

El documento que sirve como base a la Cumbre de la ONU iniciada el miércoles fue producto de irregularidades, falta de transparencia en las negociaciones y profusión de presiones norteamericanas para eliminar puntos concretos que podrían beneficiar a toda la humanidad, sobre todo a aquella parte que padece hambre, ignorancia y falta de salud.

 

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