WASHINGTON, 5 de septiembre (PL).—
Estados Unidos, país que posee el sistema de salud más grande y
costoso del mundo, enfrenta hoy una crisis sanitaria luego que
varios hospitales de Nueva Orleans debieran cerrar a causa de los
efectos del huracán Katrina.
Según informes de la prensa
estadounidense, algunas de las principales instituciones de la
ciudad, de más de un millón de habitantes, debieron ser
desalojadas una vez que la falta de electricidad, la escasez de agua
y suministros de comida y medicamentos pusieran en peligro la vida
de muchos pacientes.
Más de dos mil personas fueron
evacuadas desde tres importantes centros asistenciales, y varios
enfermos terminales murieron durante el proceso de traslado, pero
hasta el momento no hay estimaciones fiables del total de fallecidos
por esa causa.
Mientras, otros 10 mil individuos
esperan su evacuación en al menos nueve hospitales del área
afectada, pero la mayor parte de Nueva Orleans sigue inundado, lo
que hace difícil el acceso.
La falta de abastecimiento de agua
potable y los sistemas de alcantarillado inutilizados plantean la
posibilidad de brotes de enfermedades diarreicas y
gastrointestinales.
Patologías transmitidas por
mosquitos, como el virus del Nilo, el dengue y algunas formas de
encefalitis, pudieran aflorar en unos días.
La leptospirosis, que se contrae a
través de las aguas contaminadas por la orina animal es otro de los
riesgos.
Otro problema es que los laboratorios
no funcionan, por lo que los médicos deben determinar la gravedad
de los pacientes utilizando métodos tradicionales. "Lo estamos
haciendo lo mejor que podemos", explica Kiersta Kurtz-Burke,
del Charity Hospital.
Por su parte, la salud mental
también podría afectarse, el estrés y la depresión son estados
comunes entre los supervivientes de desastres naturales.