El imperio SÍ, Venezuela NO

Joaquín Rivery Tur

No surgió de Washington, ni de George W. Bush, por supuesto, ni media palabra de crítica a la decisión de Portugal de prestar a Estados Unidos el 2% de sus reservas estratégicas de petróleo para paliar los efectos negativos causados por el ciclón Katrina, que paralizó nueve refinerías en la costa del Golfo de México.

Tampoco el Gobierno norteamericano ha criticado la medida de la Agencia Internacional de Energía, formada por 26 países, de liberar 30 millones de barriles al mercado mundial para evitar un daño mayor a la economía planetaria.

La misma Casa Blanca anunció la entrega del 30% de sus reservas a las empresas del país para evitar que la crisis de los combustibles entre en una espiral sin freno.

Todo está muy bien. Todo correcto. Todo por Estados Unidos.

Si es el Presidente venezolano, Hugo Chávez, quien anuncia un préstamo de unos pocos miles de barriles a Ecuador por solicitud del Gobierno de ese país ante una situación interna determinada, entonces ya no se trata de una acción válida.

Estados Unidos, ante el anuncio de que Venezuela prestaría a Ecuador ese combustible, sin intereses, para que pudiera cumplir sus compromisos internacionales de entrega, levantó inmediatamente la voz para oponerse a la operación, y la oposición golpista venezolana lo siguió rauda con la falsedad de que Chávez regalaba el crudo al hermano país andino.

Es el mismo rasero que utiliza para medir el terrorismo. Si son contrarrevolucionarios en ataques a aviones e instalaciones civiles en Cuba, no son terroristas. Si se trata de miembros o asalariados de la mafia miamense, antiguos agentes de la CIA, que preparan atentados en los que mueren inocentes, son "luchadores por la libertad".

Como el caso de Posada Carriles, que pasa por una farsa de trámite migratorio con todas las comodidades en El Paso, Texas, donde se vislumbra la ocasión de premiar al mayor terrorista del hemisferio occidental hasta con la ciudadanía norteamericana "por méritos prestados a EE.UU."

Sin embargo, los Cinco luchadores antiterroristas, los que en el sur de la Florida se arriesgaban para detener las acciones criminales de la mafia contra Cuba y Estados Unidos, permanecen en prisión a pesar de que el Tribunal de Apelaciones del Onceno Distrito, con sede en Atlanta, declaró nulo el juicio contra ellos y ordenó uno nuevo. Es decir, mientras no se demuestre su culpabilidad, son inocentes prisioneros políticos de la política fascista.

Así son los raseros yankis.

 

 

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