Recordando a Pablo Neruda

"Si muero, no dejen que se muera mi herencia de alegría"

SONIA SÁNCHEZ

Insondable de corazón, aficionado a las estrellas, mareas, maremotos, caminante de arenas y chileno a perpetuidad, son para la eternidad ingenios del bardo Pablo Neruda, dejados de sí mismo y del maravilloso mundo poético por el que transitó.

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto —su nombre de cuna—, vino al mundo el 12 de julio de 1904 en la localidad de Parral, pero se crió "entre la poesía y la lluvia", como diría en sus memorias, en Temuco. Creció junto a su padre, José del Carmen Reyes, obrero ferroviario, al perder temprano el calor de la madre, Rosa Basoalto, a causa de la tuberculosis.

Pablo, porque le sonaba bien y Neruda, apellido que "sustrajo" al poeta checo Jan Neruda, fue el seudónimo que tomó para esconder sus creaciones de la vigilancia paterna, quien consideraba a la literatura tarea menor. Con ese distintivo, adoptado por primera ocasión en 1920, legó a la posteridad una obra seguida y admirada por varias generaciones de nuestra región y del orbe.

"Americano como el aire andino pudo hacer el milagro ya no de escribir los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, sino una multiplicidad de libros, cada uno con un estilo diferente, como si fueran poetas distintos y todos geniales, lo que solo se ve en hombres que son irrepetibles a lo largo de los siglos", comentó el poeta y periodista colombiano José Luis Díaz Granados, en el capitalino Centro Cultural Dulce María Loynaz.

El espacio literario Fe de Vida —conducido por la poetisa y promotora cultural Aitana Alberti—, de esa institución, dedicó esta semana sus reflexiones a Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), matizado por una actuación de René de la Cruz (hijo) en el papel de Neruda y la presentación del documental Neruda todo el amor, con guión de Antonio Skármeta.

Libro que prolonga el modernismo, traducido a múltiples idiomas, incluidos el esperanto y el sistema Braille, pleno de poemas sencillos pero de gran sentimiento —el más trascendente dentro de la obra nerudiana—, resume la pasión por varias de sus musas, pero esencialmente aquella, Albertina Rosa Azócar, que de adolescente conoció en el Pedagógico de Santiago de Chile y, aunque estuvo casado con la holandesa María Antonieta Agenaar y luego con la argentina Delia del Carril, fue su amor ideal durante toda la vida.

A esa mujer seria, circunspecta, de belleza clásica como para ser estampada en una medalla, le cantó en el emotivo "Poema número 15", uno de los más repetidos de todos los tiempos: "Me gustas cuando callas/ porque estás como ausente,/ y me oyes desde lejos,/ y mi voz no te toca./ Parece que los ojos/ se te hubieran volado/ y parece que un beso/ te cerrara la boca."

Premio Nobel de Literatura (1971), devino voz de los enamorados de nuestra lengua, denunció los horrores de la guerra y no estuvo ajeno al surrealismo, aunque posteriormente renegara de las vanguardias al tiempo que reivindicaba su compromiso con los desposeídos, lo que le ganó partidarios entusiastas y detractores inclementes.

Amigo y compañero de ideario del presidente constitucional Salvador Allende, al producirse el 11 de septiembre de 1973 el golpe de Estado fascista, las casas de Pablo Neruda en Santiago y Valparaíso fueron destruidas por las hordas pinochetistas. Coincidentemente, la vida del poeta se apaga doce días después, el 23 de septiembre, dejando en el recuerdo una de sus frases que dan fe de lo que resultó su existir: "Si muero, no dejen que se muera mi herencia de alegría".

 

 

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