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Seres mutantes de
Aisar
TANIA CORDERO
Un
medio hostil, cambiante, imprevisible genera criaturas mutantes,
seres que sobreviven con una voluntad férrea que, no obstante, los
devuelve otros, distintos. Ni centauros, ni ninfas; las creaciones
de Aisar Jalil son tan propias y únicas que el artista se deja
arrastrar, poseído. En una vertiente los cerdos con alas, los
hombres con orejas puntiaguadas pueblan lienzos, cartulinas; viven
en las circunstancias nuestras, existen y se transforman en y según
ella. En otra, los protagonistas son los mismos de este tiempo, lo
cuestionan y lo habitan —ora inquietos, ora confiados— para
transformarlo, reinventarlo mejor.
En
Francia, Inglaterra o Portugal los entendidos y las galerías han
asumido su lenguaje a la manera de un surrealismo que trasciende lo
cubano y conquista el reino de lo universal al que aspira el arte
genuino. Jalil, poseedor de una figuración en madurez plena,
prepara ahora Flora y fauna, la muestra que estará en la galería
Pequeño Espacio del Consejo Nacional de las Artes Plásticas a
partir de la primera quincena de octubre. "Esta serie será de unas
diez obras, casi todas en cartulina", comenta. "Pienso pintar
ilusiones, metas a alcanzar por ese grupo de entes mutantes sobre
los que fabulo. Pretendo que tengan la gracia y la picardía de
algunas de mis anteriores obras".
Si en Camafruta y
otras historias o El reino de la confusión (ambas del
2003), el artista derrocha color, aquí aspira a contenerse y
expresarse a través de los grises, el negro y el blanco. "Cuando
comencé a alejarme de la escultura e incursionar en el dibujo y la
pintura, lo hice prácticamente sin usar el color, así que veré si
de nuevo puedo prescindir de esos recursos pictóricos y acentuar el
carácter dibujístico en esta serie, para lograr un particular
dramatismo que encierra toda esa parafernalia en la que tribulan mis
personajes".
Los retos canalizan el
talento de un creador que cala en lo hondo. La conducta humana
obsesiona a Aisar, la apresa y salta sarcástica, triste,
orgiástica o aturdida. Ahora veremos la riqueza de esa galería
inacabable de personajes en momentos diversos y enseguida en el
pecho sonará el golpe de sorpresa al comprobar nuestro propio
retrato.
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