Esta graduación de médicos latinoamericanos es un premio para los que creemos que un mundo mejor está a nuestro alcance

JOSÉ A. DE LA OSA

Al clausurar este sábado la primera graduación médica de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), el Comandante en Jefe Fidel Castro, dijo que hace casi siete años era un sueño, pero hoy es una prueba de la capacidad de los seres humanos para alcanzar las más elevadas metas y un premio realmente para los que creemos que un mundo mejor está a nuestro alcance.

El Jefe de la Revolución rememoró el surgimiento de la idea de la ELAM. Fue cuando el huracán Mitch había arrancado la vida a más de 40 mil personas en Centroamérica y Cuba propuso entonces enviar una fuerza médica capaz de salvar cada año tantas vidas como las que había destruido el huracán.

No vacilamos en hacerlo, continuó diciendo, aunque estábamos todavía bajo los más duros embates del Período Especial. Ello era posible porque aun en medio de aquella terrible prueba, después del derrumbe del campo socialista y de la URSS, que nos privó de toda cooperación exterior y cuando en el mundo se daba por perdida nuestra causa, la Revolución no cesó un instante de crear capital humano.

Asociada a la idea de apoyar a Centroamérica con miles de médicos, nació de inmediato la Escuela Latinoamericana de Medicina, para sustituir progresivamente, con médicos de esos países, a los médicos cubanos que integraban aquella fuerza cuando fueran finalizando su misión.

Hoy esa escuela, con su pujante desarrollo apoya la formación de médicos no solo en Centroamérica sino también en otras regiones del mundo.

Al volver la mirada hacia el pasado, recordó que antes del Primero de Enero de 1959 la represión sangrienta condujo al cierre de nuestros centros de enseñanza superior, entre ellos la única Escuela de Medicina que radicaba en la colina universitaria de la Ciudad de La Habana.

La mayoría de los graduados existentes procedía de sectores con recursos económicos. La mitad de los médicos, atraídos por Estados Unidos, abandonaron la Patria amenazada y agredida. Sólo quedaron 3 mil y un reducido número de profesores de Medicina. Con ellos comenzamos a edificar lo que hoy tenemos, indicó.

Por estas causas, en los primeros años del triunfo de la Revolución solo unos pocos pudieron recibir el título de médicos.

La primera graduación de jóvenes médicos que iniciaron sus estudios después del Primero de Enero de 1959 tuvo lugar el 14 de noviembre de 1965. Hacía apenas seis años habían cesado nuestros combates en las montañas orientales de la Sierra Maestra.

Frescos todavía los recuerdos de aquel escenario, prosiguió, invité al contingente de los 400 jóvenes que finalizaban sus estudios de Medicina a graduarse en la montaña más alta de aquella cordillera y de Cuba, a casi 2 mil metros de altura: el Pico Turquino.

Reconoció seguidamente que hoy en este teatro le parecían irreales las palabras que dirigió a los que en la punta de la empinada montaña se graduaron como médicos.

Después de subrayar, dijo, algunos párrafos de una copia de aquel discurso no puedo resistir la tentación de repetir esta noche, cuando se gradúa esta vez un contingente de 1 610 médicos de la Escuela Latinoamericana de Medicina, incluidos los caribeños que estudiaron en otras sedes universitarios de Cuba, algunas palabras de lo que dije entonces.

Refirió que eran días, además, en que los ataques piratas y los actos terroristas contra nuestro país, organizados por el gobierno de Estados Unidos se producían constantemente.

Les decía entonces a los jóvenes (y citó): ..en este viaje muchos de ustedes han tenido que comprender muchas cosas, sin palabras, sin adoctrinamientos, sin discursos. En ese lenguaje mudo, pero elocuentísimo de las realidades sociales y de las realidades humanas. Estoy seguro de que mucho más que las ideas abstractas, las inclinaciones, la vocación, la condición natural de cada uno de ustedes, incuestionablemente buena, contribuirá a que sepan cumplir el deber, a que en cada ocasión sepan comportarse de la mejor manera, por la actitud de los campesinos de estas montañas, la clase de hombres y mujeres que ustedes han visto, la bondad, la amabilidad, la generosidad, la solidaridad, el reconocimiento, la gratitud de los hombres y mujeres, de los niños y los ancianos que en tan duras condiciones de vida han trabajado, han crecido y han vivido en estas montañas.

Sus gestos absolutamente espontáneos, continuó citando Fidel sus palabras de entonces, las flores con que los recibían, las frutas de sus cosechas, el café, el agua, la voluntad de ayudarlos , la colaboración que prestaron en la organización de todos, la estimación hacia los médicos.

Recordó también el Jefe de la Revolución que el Juramento de los estudiantes graduados, su contenido revolucionario internacionalista, todo eso tenía que dolerles mucho a los enemigos. Quisieron tal vez contrarrestar de alguna forma esto —y prosiguió la cita de sus palabras en la graduación de 1965—, y anoche, según noticias que llegaron esta mañana, siendo las 12 y 45 de la madrugada aproximadamente, una lancha pirata abrió fuego hacia tierra a la altura de la calle Lagunas en La Habana. Tres o cuatro minutos después otra lancha pirata, al parecer buscando la casa del Presidente, abrió fuego produciendo un gran número de impacto de ametralladora en el Acuario Nacional.

Eso dije, en algunas palabras seleccionadas, en aquella graduación, subrayó.

Seguidamente, al dirigirse a los distinguidos invitados a esta primera graduación de la ELAM, y a todos los presentes, en apretadísima síntesis resumió los resultados de nuestros esfuerzos en el campo de la formación del personal y de las ciencias médicas a lo largo de los años transcurridos.

En estos 45 años de Revolución se han formado en nuestro país un total de 83 982 médicos, de ellos 3 612 procedentes de otros países, y aclaró que en esa cifra no estaba incluido el número de graduados hoy de la ELAM.

Al referirse a la formación de médicos en nuestro país, Fidel dijo que hoy era radicalmente distinto. Antes de la Revolución las clases eran masivas, ejemplificó, y se impartían a veces a cientos de alumnos, las prácticas muy reducidas y ausencia casi total de elementos de ciencias básicas. Acotó que era posible terminar la carrera sin haber examinado a un enfermo directamente, o realizar un parto. Los programas estaban dirigidos fundamentalmente a la acción curativa del paciente y al ejercicio privado de la profesión, alejados totalmente de los problemas de salud que afectaban el país. La palabra prevención apenas se citaba.

El promedio de graduados era de 300 médicos y 30 estomatólogos por año. Hoy la matrícula de jóvenes cubanos y de los procedentes del resto del mundo, cada vez más hermanos en la lucha por un destino más justo y más humano, se eleva considerablemente en las diversas áreas que un sistema racional y eficiente de salud refiere.

Citó que en el curso 2004-2005 el número de estudiantes alcanzó las siguientes cifras: Medicina, 28 071; Estomatología, 2 758; Enfermería, 19 530; Tecnología de la Salud, 28 400. Suma total actual de estudiantes: 78 759. Cursan su carrera en nuestro país más de 12 mil estudiantes de Medicina procedentes de 83 países.

Fidel indicó que antes de la Revolución había un solo hospital docente y que hoy todos ostentan el honroso calificativo de docentes, lo que abre, las puertas a las grandes masas. Y algo más: sedes de formación de médicos en nuestro país pueden ser cualquiera de los 444 policlínicos de que dispone la Atención Primaria. Con el apoyo de medios audiovisuales y programas interactivos de computación, más la presencia de decenas de especialistas, master y hasta Doctores en Ciencias, los resultados se comparan e incluso superan los de las formas históricas de preparar a los que deben garantizar la salud y el bienestar del pueblo.

Estos son médicos —no dudó Fidel en calificarlos— diseñados a mano. Informó que actualmente son 75 los Policlínicos convertidos en sedes universitarias.

 

 

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