Al clausurar este sábado la primera graduación
médica de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), el
Comandante en Jefe Fidel Castro, dijo que hace casi siete años era
un sueño, pero hoy es una prueba de la capacidad de los seres
humanos para alcanzar las más elevadas metas y un premio realmente
para los que creemos que un mundo mejor está a nuestro alcance.
El Jefe de la Revolución rememoró el surgimiento
de la idea de la ELAM. Fue cuando el huracán Mitch había arrancado
la vida a más de 40 mil personas en Centroamérica y Cuba propuso
entonces enviar una fuerza médica capaz de salvar cada año tantas
vidas como las que había destruido el huracán.
No vacilamos en hacerlo, continuó diciendo, aunque
estábamos todavía bajo los más duros embates del Período
Especial. Ello era posible porque aun en medio de aquella terrible
prueba, después del derrumbe del campo socialista y de la URSS,
que nos privó de toda cooperación exterior y cuando en el mundo se
daba por perdida nuestra causa, la Revolución no cesó un instante
de crear capital humano.
Asociada a la idea de apoyar a Centroamérica con
miles de médicos, nació de inmediato la Escuela Latinoamericana de
Medicina, para sustituir progresivamente, con médicos de esos
países, a los médicos cubanos que integraban aquella fuerza cuando
fueran finalizando su misión.
Hoy esa escuela, con su pujante desarrollo apoya la
formación de médicos no solo en Centroamérica sino también en
otras regiones del mundo.
Al volver la mirada hacia el pasado, recordó que
antes del Primero de Enero de 1959 la represión sangrienta condujo
al cierre de nuestros centros de enseñanza superior, entre ellos la
única Escuela de Medicina que radicaba en la colina universitaria
de la Ciudad de La Habana.
La mayoría de los graduados existentes procedía de
sectores con recursos económicos. La mitad de los médicos,
atraídos por Estados Unidos, abandonaron la Patria amenazada y
agredida. Sólo quedaron 3 mil y un reducido número de profesores
de Medicina. Con ellos comenzamos a edificar lo que hoy tenemos,
indicó.
Por estas causas, en los primeros años del triunfo
de la Revolución solo unos pocos pudieron recibir el título de
médicos.
La primera graduación de jóvenes médicos que
iniciaron sus estudios después del Primero de Enero de 1959 tuvo
lugar el 14 de noviembre de 1965. Hacía apenas seis años habían
cesado nuestros combates en las montañas orientales de la Sierra
Maestra.
Frescos todavía los recuerdos de aquel escenario,
prosiguió, invité al contingente de los 400 jóvenes que
finalizaban sus estudios de Medicina a graduarse en la montaña más
alta de aquella cordillera y de Cuba, a casi 2 mil metros de altura:
el Pico Turquino.
Reconoció seguidamente que hoy en este teatro le
parecían irreales las palabras que dirigió a los que en la punta
de la empinada montaña se graduaron como médicos.
Después de subrayar, dijo, algunos párrafos de una
copia de aquel discurso no puedo resistir la tentación de repetir
esta noche, cuando se gradúa esta vez un contingente de 1 610
médicos de la Escuela Latinoamericana de Medicina, incluidos los
caribeños que estudiaron en otras sedes universitarios de Cuba,
algunas palabras de lo que dije entonces.
Refirió que eran días, además, en que los ataques
piratas y los actos terroristas contra nuestro país, organizados
por el gobierno de Estados Unidos se producían constantemente.
Les decía entonces a los jóvenes (y citó): ..en
este viaje muchos de ustedes han tenido que comprender muchas cosas,
sin palabras, sin adoctrinamientos, sin discursos. En ese lenguaje
mudo, pero elocuentísimo de las realidades sociales y de las
realidades humanas. Estoy seguro de que mucho más que las ideas
abstractas, las inclinaciones, la vocación, la condición natural
de cada uno de ustedes, incuestionablemente buena, contribuirá a
que sepan cumplir el deber, a que en cada ocasión sepan comportarse
de la mejor manera, por la actitud de los campesinos de estas
montañas, la clase de hombres y mujeres que ustedes han visto, la
bondad, la amabilidad, la generosidad, la solidaridad, el
reconocimiento, la gratitud de los hombres y mujeres, de los niños
y los ancianos que en tan duras condiciones de vida han trabajado,
han crecido y han vivido en estas montañas.
Sus gestos absolutamente espontáneos, continuó
citando Fidel sus palabras de entonces, las flores con que los
recibían, las frutas de sus cosechas, el café, el agua, la
voluntad de ayudarlos , la colaboración que prestaron en la
organización de todos, la estimación hacia los médicos.
Recordó también el Jefe de la Revolución que el
Juramento de los estudiantes graduados, su contenido revolucionario
internacionalista, todo eso tenía que dolerles mucho a los
enemigos. Quisieron tal vez contrarrestar de alguna forma esto —y
prosiguió la cita de sus palabras en la graduación de 1965—, y
anoche, según noticias que llegaron esta mañana, siendo las 12 y
45 de la madrugada aproximadamente, una lancha pirata abrió fuego
hacia tierra a la altura de la calle Lagunas en La Habana. Tres o
cuatro minutos después otra lancha pirata, al parecer buscando la
casa del Presidente, abrió fuego produciendo un gran número de
impacto de ametralladora en el Acuario Nacional.
Eso dije, en algunas palabras seleccionadas, en
aquella graduación, subrayó.
Seguidamente, al dirigirse a los distinguidos
invitados a esta primera graduación de la ELAM, y a todos los
presentes, en apretadísima síntesis resumió los resultados de
nuestros esfuerzos en el campo de la formación del personal y de
las ciencias médicas a lo largo de los años transcurridos.
En estos 45 años de Revolución se han formado en
nuestro país un total de 83 982 médicos, de ellos 3 612
procedentes de otros países, y aclaró que en esa cifra no estaba
incluido el número de graduados hoy de la ELAM.
Al referirse a la formación de médicos en nuestro
país, Fidel dijo que hoy era radicalmente distinto. Antes de la
Revolución las clases eran masivas, ejemplificó, y se impartían a
veces a cientos de alumnos, las prácticas muy reducidas y ausencia
casi total de elementos de ciencias básicas. Acotó que era posible
terminar la carrera sin haber examinado a un enfermo directamente, o
realizar un parto. Los programas estaban dirigidos fundamentalmente
a la acción curativa del paciente y al ejercicio privado de la
profesión, alejados totalmente de los problemas de salud que
afectaban el país. La palabra prevención apenas se citaba.
El promedio de graduados era de 300 médicos y 30
estomatólogos por año. Hoy la matrícula de jóvenes cubanos y de
los procedentes del resto del mundo, cada vez más hermanos en la
lucha por un destino más justo y más humano, se eleva
considerablemente en las diversas áreas que un sistema racional y
eficiente de salud refiere.
Citó que en el curso 2004-2005 el número de
estudiantes alcanzó las siguientes cifras: Medicina, 28 071;
Estomatología, 2 758; Enfermería, 19 530; Tecnología de la Salud,
28 400. Suma total actual de estudiantes: 78 759. Cursan su carrera
en nuestro país más de 12 mil estudiantes de Medicina procedentes
de 83 países.
Fidel indicó que antes de la Revolución había un
solo hospital docente y que hoy todos ostentan el honroso
calificativo de docentes, lo que abre, las puertas a las grandes
masas. Y algo más: sedes de formación de médicos en nuestro país
pueden ser cualquiera de los 444 policlínicos de que dispone la
Atención Primaria. Con el apoyo de medios audiovisuales y programas
interactivos de computación, más la presencia de decenas de
especialistas, master y hasta Doctores en Ciencias, los resultados
se comparan e incluso superan los de las formas históricas de
preparar a los que deben garantizar la salud y el bienestar del
pueblo.
Estos son médicos —no dudó Fidel en calificarlos—
diseñados a mano. Informó que actualmente son 75 los Policlínicos
convertidos en sedes universitarias.