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Escuela Latinoamericana de Medicina
Símbolo del mundo mejor soñado
Hoy recibirán sus títulos los primeros 1 498 jóvenes procedentes de 20 países, egresados de esa institución
ORFILIO PELÁEZ
Cuando el 21 de
noviembre de 1998 el Comandante en Jefe Fidel Castro lanzó la idea
de crear en Cuba una escuela para formar gratuitamente como médicos
a jóvenes procedentes de naciones de Centroamérica y el Caribe,
devastadas por el paso de los huracanes Georges y Mitch, no pocos
acogieron con reserva aquel audaz proyecto.
En este caso la despedida es alegre pues termina una hermosa etapa de sus vidas para iniciar otra por igual atractiva: defender la Salud en sus respectivos países.
Las razones para la duda
estaban bien fundamentadas. Se trataba de muchachos que en su gran
mayoría procedían de familias humildes y asentadas en lugares muy
apartados y de difícil acceso, lo cual de por sí los pondría en
situación desventajosa para adquirir los conocimientos.
A lo anterior se sumaban
las diferencias de lenguas, costumbres, culturas, nivel educacional,
etnias y credos; una suerte de misión imposible. Pero la utopía
comenzó a hacerse realidad apenas tres meses después de hecho
público el solidario gesto.
El 27 de febrero de 1999
y tras una ardua labor de reconstrucción y remodelación de las
instalaciones pertenecientes a la hasta entonces Academia Naval
Granma, donadas para el proyecto por el Ministerio de las Fuerzas
Armadas Revolucionarias, llegaron los primeros estudiantes de
Nicaragua, y de forma sucesiva fueron incorporándose alumnos de
otros países. Así, el día de su inauguración oficial el 15 de
noviembre de 1999, en ocasión de celebrarse en La Habana la IX
Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno, la Escuela
Latinoamericana de Medicina (ELAM), iniciaba su primer curso con 1
933 jóvenes de 18 países.
TRIBUTO A LA
SOLIDARIDAD
Para el doctor Juan
Carrizo Estévez, rector de la ELAM, la graduación hoy de los
primeros 1 498 estudiantes que egresan de esta institución es un
acontecimiento histórico y una muestra contundente de lo que puede
hacer un país pobre en recursos económicos, pero rico en capital
humano y con la voluntad política necesaria para ayudar a otros
pueblos hermanos.
De exitosos calificó el doctor Juan Carrizo Estévez, rector de la ELAM, los resultados docentes de esta primera promoción.
En un aparte con Granma,
Carrizo precisó que los graduados proceden de 19 países de
América Latina y el Caribe, además de Estados Unidos, con una
promoción superior al 99% de los estudiantes que cursaban el sexto
y último año de la carrera de Medicina. Más del 70% de los
alumnos terminan con índices académicos de 4 y 5 puntos.
A ellos se suman 112
jóvenes caribeños que dentro del mismo plan han cursado estudios
en otros centros del país y forman parte del total de 1 610 que hoy
reciben el título de médicos.
Por naciones, el mayor
número de egresados corresponde, en ese orden a Honduras,
Nicaragua, Guatemala, El Salvador y República Dominicana.
El Rector expresó su
satisfacción por haber logrado alcanzar una retención del 84,6%,
para de esta forma sobrepasar las expectativas iniciales de graduar
no menos de 80 alumnos por cada 100 que iniciaron la carrera.
Actualmente estudian en
la ELAM 10 508 alumnos de 28 países de América Latina y el Caribe,
Estados Unidos y África, distribuidos en las 21 Facultades de
Medicina que existen a lo largo y ancho del archipiélago cubano.
Carrizo dijo sentirse
profundamente emocionado al ver el fruto de tan humana obra y
comprobar cómo estos jóvenes que hoy culminan sus estudios, han
hecho suyos los valores humanos, éticos y solidarios que debe tener
toda persona dedicada al noble ejercicio de la Medicina, y el
compromiso social adquirido por ellos de revertir sus conocimientos
en bien de la salud y el bienestar de sus pueblos en los lugares de
sus respectivos países donde sea más necesario.
Desde el punto de vista
personal, apuntó, me siento orgulloso de haber tenido el privilegio
de contribuir a convertir en realidad este sueño de Fidel, y de
poder palpar el agradecimiento y la solidaridad de todos estos
muchachos hacia nuestro pueblo, en particular de sus padres, que a
pesar de todas las campañas mediáticas contra Cuba, confiaron en
la Revolución y enviaron a sus hijos.
Sin duda, hoy es un día
memorable y ojalá que otros países con más recursos económicos
crearan proyectos similares de ayuda desinteresada a la humanidad,
sentenció el Rector de la ELAM.
LA LOCURA DE CARLOS
MANUEL
En uno de los saloncitos
de la Escuela Latinoamericana de Medicina, hablamos con el joven
salvadoreño de 29 años, Carlos Manuel Orantes Navarro. Terminó la
carrera con un promedio de 5,26 y es uno de los graduados más
integrales.
El joven salvadoreño Carlos Manuel Orantes Navarro, figura entre los graduados más integrales.
Su historia de cómo
vino para Cuba es digna de contar. Pertenece a una familia muy
numerosa, donde muchos quisieron ser médicos antes que él y
ninguno pudo lograrlo. Gracias a sus habilidades como futbolista y
excepcional rendimiento docente, Carlos Manuel pudo obtener una beca
e ingresar en la Facultad de Medicina de la Universidad de El
Salvador en 1994.
Al cabo de tres años,
un día escuchó una conferencia impartida a teatro lleno por un
reconocido médico cubano y quedó obsesionado con la idea de
conocer la mayor de las Antillas. En 1999 cursaba el quinto año de
la carrera cuando se enteró del ofrecimiento del Gobierno cubano
para estudiar Medicina en el país caribeño.
Para asombro de
familiares y amigos, fue de los primeros candidatos que solicitó
participar en el proceso de selección y recibió el apoyo de la
doctora María Isabel Rodríguez, rectora de la citada Universidad
salvadoreña.
Ni corto, ni perezoso,
Carlos Manuel llenó los formularios correspondientes y quedó
incluido en el grupo de los que viajarían a Cuba.
Según narró a este
diario, todo el mundo le preguntaba si estaba loco, porque se
trataba de hacer borrón y cuenta nueva de los cinco años que
había cursado para empezar de nuevo por el primero. Incluso, era el
mejor expediente de su clase.
"Yo me había dado
cuenta de que existían muchas lagunas en la docencia médica de mi
país, en particular en la enseñanza de las ciencias básicas; por
tanto, si quería aspirar a ser un médico de los pies a la cabeza,
debía formarme en Cuba desde el comienzo".
Ambiente de fiesta en la víspera de la graduación.
Vino para la ELAM y
tampoco quiso convalidar las asignaturas aprobadas en su país
natal. Carlos Manuel empezó de cero y hoy no se arrepiente de
aquella crucial decisión, pues según sus propias palabras, en Cuba
encontró lo que siempre soñó y buscó: una pedagogía de
excelencia, paradigmas de profesores, la meca de los más elevados
valores humanos, un sistema de salud al alcance de todos, el lugar
que me permitió comprender las realidades de nuestra América y ver
que también era posible construir un futuro mejor.
Para bien de los pueblos
de la región, la ELAM gradúa sus primeros 1 498 galenos. Como
dijera Fidel el día de su inauguración, esta institución será un
verdadero símbolo de lo que unidos podemos avanzar, una estampa del
mundo del mañana que soñamos.
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