|
Del Mundial (II y final)
¡Atletas brillantes!; atletismo, no tanto
ENRIQUE MONTESINOS
Que
en el triple salto del reciente Mundial de Helsinki la debutante
Yargelis Savigne haya conquistado una medalla de plata dice mucho de
su entrega y de sus méritos individuales. Pero si fue en salto de
longitud en lo que se preparó, ¿no es una especie de
improvisación de última hora por parte de la dirección técnica
que ella logre hasta batir un récord nacional que no era flojo?
Zulia Calatayud estuvo
meses en cuidados hospitalarios y tratamientos médicos luego de una
sobresaliente temporada en el 2002 (con 23 años de edad), cuando
bajó nada menos que hasta 1:56.09 en los 800 metros. Comparto el
regocijo por la recuperación (1:58.88 y 1:57.92 en semifinales, su
tope del año) y, como ella bien dijo, ahora no tiene que apurarse,
pues faltan tres años para Beijing'08, el sueño olímpico de
cualquier deportista.
Tuvimos un Sotomayor
durante muchos años y no fuimos capaces de lograr un relevo —no
semejante, pues hay superdotados inigualables—, pero tan siquiera
en la media internacional. Se retiró en el 2001 y hubo que correr.
Cuatro años después no tenemos a nadie que salte 2.30, mas el
contexto mundial ha involucionado. Lysvany Pérez logró su tope de
2.28 el año pasado (ya tiene 2.29) y fue finalista olímpico. En
Helsinki Víctor Moya tuvo una ejecución impecable hasta su techo
de 2.29 y como nadie increíblemente pasaba de ahí solo un tilín
le faltó para una insólita consagración como monarca universal.
Sin duda, su metal plateado de primerizo clasifica como
impresionante por un lado, pero por otro él mismo reconoció su
carácter ocasional.
Empecemos por decir que
solo para inscribirse había que acreditar 2.30 o más como marca A.
Cuba solo pudo llevarlo a él y dejar a Lysvany porque la IAAF
permite nada más a uno por país con la marca B vencida (2.27).
En el triple varonil,
loas para el todavía bisoño Betanzos, que siguió en la cúspide
con el subtítulo. No estaba el sueco Olsson, al que sueña
derrotar, pero lo fundamental para él es cuidarse y llegar a la
madurez en una disciplina destrozadora de talentos, sobre todo en
nuestro medio.
La jabalinista Osleidys
Menéndez es el mejor ejemplo de trabajo, al menos en apariencia,
porque desconozco la planificación real. Récord mundial
significativo en el primer año del ciclo olímpico anterior (2001),
traspiés por el camino, pero rectificación acertada y culminación
en Atenas'04 con el oro y a un centímetro de la marca inicial
(71.53). Comienza el nuevo ciclo con otro récord de 71.70 y ahora a
esperar porque siga ese buen binomio con su entrenador Dionisio
Quintana.
Yipsi —plateada en el
martillo—, evidenció nuevamente su coraje competitivo, porque
junto con la lesión que perjudicó su entrenamiento se desarrolla
una impetuosa evolución internacional en esta disciplina también
relativamente joven.
Los otros 20
competidores cubanos, el 77% del equipo, estuvieron muy por debajo,
algunos en el límite de lo intrascendente. Y sucede que en los
deportes de tiempos y marcas todo está planificado
científicamente. Inclusive usted puede ser campeón y no recibir
buena evaluación técnico metodológica, junto con su entrenador,
por haber rendido mucho menos de lo estipulado en los planes. Si se
pasa amplio también debe ser criticado, aunque sucede menos por
razones obvias.
Todos se beneficiaron de
una amplia estancia de fogueo en Europa, con el esfuerzo que eso
significa para el deporte. Resulta obligado ahora el análisis
técnico para encontrar las causas de los pobres rendimientos —sobre
todo de algunos reincidentes—, superarlas y continuar adelante
para mejorar posiciones de cara al XI Mundial en Tokio'07 y todo lo
que haya por delante.
Quizá a una revista
especializada le tocaría un análisis así, inclusive con más
detalles, pero todavía no la tenemos.
Que varios de nuestros
mejores atletas se hayan distinguido al máximo nivel merece una vez
más la felicitación, pero el atletismo —como deporte—, no debe
estar de espaldas a las realidades. |