El pueblo cubano reclama justicia

Caso Chicle, crimen impune

Texto y fotocopia: JORGE LUIS MERENCIO CAUTÍN

CAIMANERA.—El 17 de diciembre de 1940 ocurría en la bahía de este municipio uno de los hechos más horrendos en la larga lista de terror, chantajes, provocaciones, agresiones y crímenes cometidos contra el pueblo cubano por los marines yankis de la Base Naval de Guantánamo.

Pobladores y compañeros de Chicle contemplan estupefactos su cadáver, extraído del agua un día después del asesinato.

En las primeras horas de la tarde de ese día el teniente de la marina yanki Kenneth M. West y tres de sus subalternos descargaron todo su odio contra el joven negro Lino Rodríguez Grenot (Chicle), golpeándolo salvajemente en la cabeza con toletes hasta acabar con su vida por el simple hecho de buscar trabajo en el enclave naval.

La vida de Rodríguez Grenot, nacido en Santiago de Cuba en el seno de una familia humilde, fue desde su niñez un duro peregrinaje para sobrevivir en el sistema social imperante. Vendió frutas, billetes de lotería, baratijas; fue carretillero, limpiabotas y hasta boxeador profesional.

Desesperado por la miseria, ya con 26 años de edad, llega a Caimanera en busca de contrato para laborar en la Base Naval, territorio ocupado ilegalmente por Estados Unidos contra la voluntad del pueblo cubano, donde por el temor yanki al empuje nazifascista en Europa, África y el Oriente Medio se construían aceleradamente un complejo aeronaval y otras instalaciones que demandaban mano de obra barata.

Unos tres meses estuvo Rodríguez Grenot en Caimanera desempeñando los más diversos "oficios" para reunir los 20 pesos que le garantizarían comprar el pase de entrada a la Base Naval, documento inventado allí por los "jefes" y sus intermediarios cubanos para expoliar aún más a los miles de desesperados que ante la falta de condiciones para el hospedaje en Caimanera dormían en aceras, corredores, portales, parques, debajo de los árboles y dondequiera que hubiese un rincón semiguarecido.

Imposibilitado de poder ahorrar el dinero, aun a costa de dejar de comer muchas veces, Lino decidió dialogar con el inspector de aduana, quien recibió los cuatro pesos con 50 centavos reunidos por el joven y se comprometió a incluirlo en la lista de los "buscavida" que esa jornada serían llamados para trabajar en la Base Naval.

A la 1 y 30 de la tarde del mencionado día atraca en el muelle estatal de Caimanera la embarcación de unos 15 metros de eslora en cuya popa ondeaba la bandera estadounidense. Por su llegada aguardaban más de 500 desempleados cubanos, pero los yankis solo llamarían a 32.

Una mezcla de asombro y dolor intenso invadió a Chicle al ver la lancha partir sin escuchar su nombre. Al sentirse estafado, decidió abordar la embarcación que en otro muelle próximo debía recoger al capitán de los U.S. Marines, Robert Olson.

Salvados los 200 metros saltó a la lancha por la popa, pero fue descubierto por West y sus esbirros, quienes en una orgía de odio arremetieron contra el indefenso joven negro hasta asesinarlo y arrojarlo al agua, no obstante las súplicas de la víctima de que no sabía nadar.

Inmediata fue la reacción ante el crimen de los que quedaron en el muelle. Unos se lanzaron al agua para tratar de salvar a Lino y otros comenzaron a gritar insultos a los yankis y a lanzarles botellas, piedras, palos y todo lo que estuviera a su alcance, hasta que el teniente West, temeroso de la ira popular, ordenó la partida de la embarcación a toda máquina.

De esta forma la soldadesca imperial cobraba una nueva vida al pueblo cubano y dejaba el dolor y el luto a una noble familia santiaguera.

Fue tal el cinismo, la prepotencia y la soberbia yankis ante el horrendo crimen, que el contraalmirante George L. Weyler, jefe máximo de la Base Naval, no solo rehusó presentar ante el juez cubano a los militares asesinos, sino que retuvo por la fuerza durante 13 días en el enclave a los 32 obreros cubanos que viajaron en la lancha y fueron testigos del crimen.

 

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir