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Lupa, espátula y
pincel
Texto
y foto: Pastor Batista Valdés
LAS
TUNAS.—Sosteniendo en la palma de la mano aquella pieza del tamaño
de una caja de fósforos, el conocido pintor cubano Pedro Pablo Oliva
fijó la mirada en unos diminutos puntos y, dirigiéndose a José
Ángel Naranjo Pérez, autor de la curiosa obra, expresó: "¡Qué
piedrecitas tan bonitas!"
A través de una lupa pueden ser vistos, nítidamente, los detalles.
Sonriente, Naranjo le
dijo: "No, maestro, no es lo que usted piensa, tome la lupa y observe
bien".
La sorpresa se adueñó
del rostro de Oliva al ver, a través del lente, que no se trataba de
piedras, sino de gallinas picoteando el maíz que les echaba un
campesino.
La anécdota sintetiza el
impacto que dejan en miles de personas las piezas en miniatura, hechas
por este pintor, radicado en Las Tunas desde la pasada década.
Los orígenes de ese
peculiar modo de hacer pintura se remontan unos ocho años atrás,
cuando Naranjo discrepó con un amigo. "No estoy de acuerdo, la obra
de arte no se mide en metros cuadrados, sino por sus valores
artísticos, por lo que es capaz de expresar y transmitir..."
Días después, su "oponente"
terminaría reconociendo tal punto de vista, al ver algunos paisajes
hechos por Naranjo en muy pequeño formato, a los que seguirían
muchos más, casi siempre vinculados con el tema campesino, por
considerarlo "más vivo, rico en colores, en matices y con más
posibilidades de trabajar tanto la naturaleza como las perspectivas".
Así, animales como el
gallo o la gallina (paradigmas de la crianza campesina), peces en la
mano del guajiro que pesca dentro del río, chipojos y otros
ejemplares de la fauna y la flora, llaman el interés en obras
diseminadas o expuestas en varias partes del país, o en poder de
visitantes procedentes de más de una decena de naciones.
—Si para apreciar esos
detalles hay que usar una lupa —le digo— obviamente para pintarlos...
"También la uso. Pero te
digo más: empleo espátulas muy pequeñas que yo mismo he fabricado
con rayos de bicicleta. Hay quienes utilizan pinceles, yo prefiero la
espátula..."
—Acabas de decir "algunos",
¿conoces a otros que también hacen pintura en formato tan pequeño?
"Desde luego, tengo un
grupo denominado Perspectiva, que trabaja con dimensiones muy
reducidas. Hasta ahora somos 33 miembros: dos compañeros graduados de
la escuela de arte, aficionados a la pintura, escultores, ceramistas,
artesanos; queremos hacer arte, pero no sólo un arte capaz de ser
expuesto en cualquier galería del país, sino también de ser llevado
fácilmente, incluso en bicicletas, hasta la más apartada comunidad
rural, donde viven personas que no pueden venir hasta la ciudad.
"Ya hemos visitado muchos
lugares y emociona mirar el rostro de esos habitantes cuando ven una
obra, un óleo, una acuarela, una pequeña escultura..."
Para orgullo de Naranjo,
Mauricio Gómez, en Guáimaro, ha hecho más de medio centenar de
obras de ese tipo; también Ríder Victoria, en Sibanicú y Wenceslao,
en Sancti-Spíritus, se apasionan con el reducido formato.
"Por eso hemos pensado
convocar a un salón nacional de miniaturas, aquí en Las Tunas" —afirma
por último este artista, licenciado en Historia, de formación
autodidacta en pintura, cuya imaginación y talento desbordan a menudo
el paisaje criollo para conformar, con igual tino, la sonrisa de
Carilda, la serenidad de Pablo Armando, la naturalidad de la doctora
Pichardo o la inmensidad de nuestro pueblo.
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