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El tiempo de los intentos
ALBERTO NÚÑEZ
BETANCOURT
Vuelve
aquella edad, y se impone la nostalgia al reconocerse uno en el
joven maestro, el vecino, el hijo; ver a la profesora Mara, con sus
cuatro décadas de magisterio, vencedora del escepticismo, capaz de
ensanchar la Física a todas las ciencias, además de postergar el
retiro porque sencillamente el latir de pedagoga se hace más fuerte
con el tiempo.
Viaje de añoranza a la
querida escuela de todos los días, entonces Instituto
Preuniversitario José Martí, hoy Secundaria Básica Experimental
que mantiene el nombre del Maestro (no podía ser de otro modo) y
adopta su principio: "Educar es poner coraza contra los males de la
vida".
Grato, nítido, llega el
recuerdo de las jornadas de la FEEM, las competencias deportivas,
los encuentros furtivos con la novia que todavía acompaña.
Veintitantos años
después, desde la madurez de mamá y papá, muchas veces visitaron
la escuela, su escuela, para una reunión de padres, trabajo
voluntario, o atajar alguna falta del adolescente varón. Y siempre
vieron el sitio más bonito.
Como un pestañazo han
transcurrido estos tres cursos desde la noche del 6 de septiembre
del 2002 en el cine teatro Payret, cuando el Comandante en Jefe
insistía en la urgencia de transformación que demandaba la
enseñanza secundaria. El plantel se convertía así en una de las
primeras semillas de una siembra ambiciosa. Nuevos maestros, nuevas
concepciones, nuevos sueños...
Ahora los 345 pioneros
egresados de noveno grado de la Escuela Experimental se cuentan
entre los frutos iniciales de una práctica que al decir de Fidel
sobrepasa el ámbito del centro para convertirse en experimento
educacional para toda Cuba, que sigue los postulados de Martí.
Impacta favorablemente
la Escuela no solo por los consabidos índices de retención de
conocimientos, promoción, asistencia, puntualidad...; se distingue,
además, por la capacidad del personal docente, la educación de los
trabajadores, el cuidado de los variados medios puestos en sus
manos, la cercanía lograda con la familia; también por el trabajo
integral de rigor que encabeza su joven directora. Y todo apunta a
lo esencial: la formación de un joven más pleno.
Este fin de curso tuvo
mil sabores. La alegría inundó el Palacio de las Convenciones con
la sonrisa de Glenda, la alumna más integral, la gracia de
Elizabeth, el temperamento de Farah, la timidez de Neudy, la
picardía de Alberto, la mirada de Luis, la sobriedad de Ernesto...Todos
están muy felices: ¡Fidel asistió a su graduación!
Vale este tiempo de
intentos y realizaciones por crear un nuevo modelo educativo. Vale
sobre todo la osadía que enhorabuena saben tener los
revolucionarios para transformar realidades adversas. |