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Martí en el Moncada
HÉCTOR ARTURO
 De
haber vivido en el Siglo XX, José Martí hubiera formado filas
entre los asaltantes del Cuartel Moncada o del Carlos Manuel de
Céspedes. Quizás no habría sido el Autor Intelectual de aquella
gesta, sino su máximo organizador, como ya había hecho en la
Guerra Necesaria, o hubiera escrito el Poema "Ya estamos en combate"
y el Manifiesto a la Nación, redactados por Raúl Gómez García
con orientaciones de Fidel.
De haber salido con vida
de aquella acción o no haber sido asesinado a mansalva por los
esbirros batistianos convertidos en verdaderos carniceros, hubiese
marchado hacia las serranías, "porque subir lomas hermana hombres",
para proseguir la lucha, sin temor a caer de cara al sol, como aquel
19 de Mayo en Dos Ríos, coincidentemente domingo, al igual que el
26 de Julio de 1953, fecha en que un grupo de jóvenes no
permitieron que él muriera en el Año de su Centenario.
Y es que desde mucho
antes de aquel despertar de libertad, ya Fidel Castro llevaba en el
corazón las doctrinas del Maestro.
El 11 de marzo de 1949
ocurrió el ultraje de los marines yankis a la estatua de José
Martí en el Parque Central de La Habana. A la mañana siguiente,
tras conocerse la noticia, estudiantes universitarios y trabajadores
se concentraron en el lugar para repudiar la afrenta y desde allí
marcharon hacia la embajada de los Estados Unidos, entonces en La
Habana Vieja, para repudiar a aquellos delincuentes que pisotearon
el honor de la Patria, y exigir su arresto e inmediata expulsión
del país.
Sin embargo, los
manifestantes fueron violentamente reprimidos por la policía del
Gobierno de Carlos Prío, ante lo cual se alzó la viril protesta de
Fidel Castro, quien, con apenas 22 años y siete meses de edad,
enfrentó resueltamente al Jefe de la Policía, general Quirino
Uría, lo cual consta en una fotografía de la época.
Años después,
exactamente el 27 de enero de 1953, los estudiantes de la
Universidad de La Habana organizaron el Desfile de las Antorchas,
como homenaje al Centenario del Natalicio del Apóstol, y
descendieron por la escalinata para marchar por la calle San Lázaro
hasta la Fragua Martiana.
Entre aquella multitud,
sobresalían por su organización y disciplina los más de mil
jóvenes que ya entrenaban para participar en las acciones del 26 de
Julio de ese año, y al frente de ellos, como siempre, estaba Fidel.
Los fondos para la
Guerra Necesaria y el 26 de Julio tienen similar origen. Martí lo
recaudó entre los tabaqueros emigrados de Tampa y Cayo Hueso, y "no
aceptó el dinero mal habido de Manuel García, llamado Rey de los
Campos de Cuba; nosotros no aceptamos el dinero de Carlos Prío, ni
Prío ni ningún otro político nos dio dinero, los gastos se
cubrieron mediante la donación generosa de los hombres que me
siguieron hasta la muerte", respondió Fidel a una pregunta del
Fiscal.
Martí se incorporó al
campo de batalla, con las armas en la mano, a pesar de la negativa
de los jefes con experiencia militar. Fidel marchó al frente de los
asaltantes del Moncada y dirigió personalmente las acciones, en
contra del criterio de sus compañeros, pues al decir del Maestro: "el
verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué
lado está el deber".
Fidel sabía por Martí
que "un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que
un ejército", y por eso no vaciló en reiniciar las contiendas
libertarias con escopetas de matar pájaros.
Martí había expresado
que "los hombres van en dos bandos: los que aman y fundan; los que
odian y destruyen". En el Manifiesto del Moncada se afirma que "Cuba
abraza a los que saben amar y fundar, y desprecia a los que odian y
deshacen..."
Y ante los viles
asesinatos cometidos por los criminales batistianos contra los
combatientes capturados, Fidel denunció y exigió castigo para los
culpables. No la venganza ruin por esas vidas, sino la felicidad del
pueblo, "único precio que puede pagarse por ellas", para añadir en
su alegato La Historia me Absolverá:
"Que
hable por mí el Apóstol: Hay un límite al llanto sobre las
sepulturas de los muertos, y es el amor infinito a la Patria y a la
gloria que se jura sobre sus cuerpos, y que no teme ni se abate ni
se debilita jamás; porque los cuerpos de los mártires son el altar
más hermoso de la honra...
"Cuando
se muere en brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la
prisión se rompe; ¡empieza, al fin, con el morir, la vida...!"
Han transcurrido 52
años, y efectivamente, aquel amanecer del 26 de Julio de 1953, que
pareció otra vez el de Yara o el de Baire, Fidel comenzó a cumplir
el mandato martiano de que la Ley Primera de la República fuera el
culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre, en una Patria
con todos y para el bien de todos, en la que se unirá el mar del
Sur al mar del Norte y nacerá una serpiente de un huevo de águila
antes que consintamos en ser esclavos de nadie, porque la historia
no nos ha de declarar culpables.
En estas más de cinco
décadas, el Moncada se ha repetido en los más variados escenarios,
en los que siempre los cubanos hemos sabido convertir amargos
reveses en esperanzadoras victorias. Millones de hombres, mujeres y
niños con decoro hemos alzado las banderas de la Dignidad, sabiendo
que "la pobreza pasa, lo que no pasa es la deshonra", y haciendo
nuestro, con Fidel al frente, el llamado de Martí:
"¡Los
flojos, respeten: los grandes, adelante. Esta es tarea de grandes...!" |