Eliseo Diego en la memoria

Inventario de sueños

SONIA SÁNCHEZ

Dos boinas llegaron a la vida de Eliseo Diego y Cintio Vitier cuando aún eran muy jóvenes. Debajo de ellas, dos adolescentes muchachas, las hermanas Bella y Fina García Marruz, con quienes sellaron una unión eterna.

Las descubrieron en el entonces Centro Hispano Cubano de Cultura, punto habanero donde confluían importantes intelectuales españoles de la época, entre ellos Juan Ramón Jiménez. A finales de 1939 se reencontraron en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana: la Bella de Eliseo, la Fina de Cintio.

"De él siempre me impresionó su silencio que se oía", comentó Vitier sobre su amigo en el espacio La Honra, del Centro Cultural Dulce María Loynaz, dedicado esta vez a homenajear el aniversario 85 del natalicio de Eliseo Diego, y al que también concurrieron la poetisa Fina García Marruz y los ensayistas Mayerín Bello y Enrique Sainz.

La memoria afectiva vino, igualmente, en la voz de Fina al referirse al más pequeño de sus hijos, José María, cuando aseguraba que la semana se componía de lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y "arroyo", en alusión a las habituales reuniones familiares celebradas cada domingo en la finca de Arroyo Naranjo, donde naciera Eliseo Diego.

Fina trajo consigo la remembranza de aquel hombre de poesía grave, pero consoladora, palabra nítida, letra cuidada, voz peculiar que conmovía, exquisita cortesía, "un don de la naturaleza como el aire, como el agua" y su sentido del humor.

El paso de Eliseo Diego —aún con poca edad—por Francia y Suiza marcaron su poética. Con apenas 10 años escribió los primeros cuentos infantiles. En Cuba, ya consagrado, impartió clases de Literatura inglesa y norteamericana en la Casa de las Américas, dirigió el Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional José Martí hasta 1970, realizó traducciones y versiones de las más relevantes figuras de la literatura infantil en el mundo e integró la Unión de Escritores y Artistas de Cuba hasta su deceso. Entre sus principales reconocimientos consta el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y Caribeña Juan Rulfo (1993).

Mayerín Bello ponderó la narrativa del afamado autor. A su juicio, no ha sido lo suficientemente atendida al sobreponérsele las virtudes del verso. En tales reflexiones destacó el volumen de cuentos En las oscuras manos del olvido, (publicado con un acabado total en 1979), "en el que los críticos y estudiosos amantes de los recursos ultramodernos en la narración pueden encontrar sorpresas extraordinarias".

La panelista señaló a Divertimentos (1975), como el texto en el que su creador aparece minicuentista y en cual, sin dudas, existen evocaciones líricas, motivo por el que la crítica lo considera poemas, "pero el narrador sí conoce sus instrumentos".

Noticias de la quimera (1975), cuentos más extensos portadores de una característica de la narrativa de Eliseo Diego, la realidad devenida espacio mágico en que la vida cotidiana colinda con el misterio, "el escenario de la vida del hombre que hay que descubrir, penetrar", forma parte del corpus de su narrativa. Mayerín Bello completó su reseña llamando la atención acerca de cuentos incluidos en Muestrario del mundo o Libro de las maravillas de Boloña (1967).

Enrique Sainz repasó el esplendor de la poesía de este grande de las letras latinoamericanas, desde sus inicios En la Calzada de Jesús del Monte (1949) "un canto lleno de fuerza, de presencias muy queridas, de espacios, de luz, una mirada hacia adentro, una traslación de la inmediatez hacia la soledad más profunda y oscura"

La valía del verso del autor de Inventario de asombros (1982), la autenticidad de su poética, la riqueza idiomática, el despojamiento de ornamentos para dar paso a la búsqueda de sí mismo, fueron detalles distinguidos por Sainz al retener la presencia de quien integró el grupo Orígenes. "Que Eliseo pueda entrar como una alegría más en la vida cotidiana", exhortó. Así fue en el espacio La Honra.

 

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