WASHINGTON, 16 de julio (PL).
— Ocho meses después del asalto del
ejército estadounidense a Faluja, esa ciudad iraquí se mantiene
como un bastión de la resistencia, afirma hoy el diario The New
York Times.
Esa localidad debería ser la más
segura de Iraq porque fue transformada en una zona militar tras el
último invierno, pero la realidad es otra, subraya el periódico.
La publicación resalta un rebrote de
la insurgencia en esa ciudad, pese a la presencia de miles de
soldados norteamericanos e iraquíes, los toques de queda y retenes
militares.
Por los menos cuatro autos explotaron
en las últimas semanas en Faluja, uno de los cuales causó la
muerte a seis militares del Pentágono, agrega.
The New York Times señala que, como
consecuencia de las acciones de los grupos armados opositores, dos
de las cinco estaciones de policía fueron destruidas.
Además tres miembros del consejo de
la ciudad renunciaron a sus cargos y otro dejó de asistir a las
reuniones por temor a ser objeto de un atentado.
Aunque algunos habitantes de la
localidad criticaron las acciones de los rebeldes, ahora las apoyan.
Muchos en Faluja querían la salida
de los insurgentes, pero tras la humillación de las fuerzas
estadounidenses se muestran en la actualidad a favor de la
insurgencia, comentó Abdul Jabbar Kadhim al Alwani, dueño de una
tienda de reparación de autos.
Citada por el rotativo, una fuente
oficial norteamericana admitió que los activistas que combaten a la
ocupación están reagrupándose en esa ciudad.
Mientras más personas regresan a
Faluja, la probabilidad de aumentos de la infiltración de la
resistencia será mayor, agregó.
Con 300 mil habitantes antes del
asalto norteamericano, la ciudad representó la resistencia al poder
de Washington no sólo en Iraq sino en el Medio Oriente, apunta el
cotidiano.
Ante los continuos ataques contra las
fuerzas de ocupación, el Pentágono lanzó contra Faluja una
operación militar de envergadura en noviembre último, que
destruyó gran parte de la llamada Ciudad de las Mil Mezquitas.
Para el diario, esa incursión fue la
más violenta en que participó el ejército estadounidense desde la
Guerra de Vietnam.