WASHINGTON, 16 de julio (PL).
— El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, está hoy
contra las cuerdas por el escándalo que enfrenta su principal
asesor, Karl Rove, que amenaza con desacreditar, aún más, al
gobierno.
Rove reconoció que filtró hace dos
años al diario The Washington Post la identidad de la oficial de la
Agencia Central de Inteligencia Valerie Plame, esposa del ex
embajador de Estados Unidos en Gabón, Joseph Wilson.
La revelación de la verdadera
profesión de Plame fue interpretada en círculos políticos como un
ajuste de cuentas de la Casa Blanca a Wilson, quien rechazó los
argumentos utilizados por Bush para justificar la agresión a Iraq.
Siendo embajador en Gabón, el
diplomático recibió la misión de investigar si el entonces
gobierno de Saddam Hussein intentó adquirir uranio en Níger, lo
cual resultó falso.
En la Unión difundir de manera
consciente la identidad de un oficial encubierto de los servicios de
espionaje es un delito federal, que puede ser sancionado con hasta
10 años de cárcel.
Ante el escándalo, la oposición
demócrata lanzó una andanada de críticas contra Rove y demandó a
Bush su destitución, como prometió cuando se destapó el caso en
2003.
El líder de la minoría liberal en
el Senado, Harry Reid, presentó un proyecto de ley que negaría a
quienes revelen la identidad de un agente secreto el derecho a
conocer material de seguridad.
Aunque el Partido Republicano
respaldó al jefe adjunto de Gabinete, en privado muchos consideran
que podría ser un lastre para el mandatario, quien además enfrenta
duros cuestionamientos de la opinión pública por el tema iraquí.
Considerado como el arquitecto de las
victorias electorales de Bush en 2000 y 2004, Rove está a cargo de
las coordinaciones con los Consejos de Seguridad Nacional, Política
Exterior y Seguridad Interior y Nacional Económico.
El ex embajador Joseph Wilson se
sumó a los críticos al pedir la destitución del funcionario, a
quien acusó de abuso de autoridad.
Bush hasta la fecha se ha abstenido
de apoyar a su consejero, aunque el vocero de la Casa Blanca, Scott
McClellan, señaló la pasada semana que quienes trabajan en la
mansión Ejecutiva tienen la confianza del Presidente.
Rove se defendió al comentar que se
enteró de la identidad de Plame a través de periodistas, y luego
habló informalmente sobre el asunto con un reportero de la revista
Time días antes de que se publicara la historia.