Las amenazas y los enemigos de la OTAN

ARSENIO RODRÍGUEZ

Are no es precisamente uno de aquellos oscuros rincones del planeta, sobre los que pesan las amenazas de bombardeo manifestadas por el presidente estadounidense George W. Bush, pero sí un lugar de Suecia lo suficientemente apartado como para, lejos de la "agresividad" de los pacifistas, acoger a quienes se han convertido en los policías del planeta, aunque lo nieguen.

Desde la Cumbre de la OTAN en Praga, cada paso está dirigido a ser lo que niegan, gendarmes del planeta.

Miembros y socios de la ahora única y más poderosa alianza militar de todos los tiempos, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), se reunieron a finales de mayo para confrontar opiniones sobre futuros proyectos y recibir los regaños de Estados Unidos, que en cada uno de estos cónclaves recuerda a todos los presentes quién es el que realmente manda.

El llamado Foro de Seguridad del Consejo de la Asociación Euroatlántica, creado en 1997, contó con la presencia de 15 ministros de Relaciones Exteriores y los principales encargados de la toma de decisiones de un total de 46 naciones, de ellas 26 miembros de la OTAN y el resto países socios.

Como resultado inmediato, la Alianza se pronunció por la búsqueda de un papel global más fuerte, en colaboración con la Unión Europea (UE) y con las Naciones Unidas, por lo menos formalmente.

Cualquiera de los más de 6 000 millones de habitantes que tiene el planeta tiene el derecho de preguntarse para qué esa urgente necesidad de "desempeñar un papel más fuerte"; pues bien, declararon que "para luchar contra los nuevos retos de seguridad que faciliten el proceso de resolución de los conflictos regionales".

Es decir, sin recato alguno los atlantistas reiteran una posición que hasta hace poco era solo una vieja aspiración. Ahora lo que plantea la OTAN es no tener límites para el alcance de su poderosa maquinaria militar pues, como dijera el holandés De Hoop Scheffer, su secretario general, la misma "deberá convertirse en un gremio clave para tratar los temas de política y seguridad internacionales".

Los participantes tuvieron que identificar, quizás por pudor, cuáles son las amenazas y los enemigos que deberán soportar todo el peso de sus armas de destrucción masiva.

Las nuevas amenazas, paradójicamente, son la proliferación de armas de destrucción masiva, el incremento de redes internacionales terroristas y los conflictos regionales derivados de la falta de democracia.

Les faltó agregar en el documento final, "donde quiera que ello suceda dentro de los límites del globo terráqueo", aunque ya en estos tiempos realmente resulta obvio.

A buen entendedor, pocas palabras. La OTAN ha clasificado arbitrariamente las amenazas y ha logrado encontrar, por fin, un enemigo, luego de perder aquel representado en la Unión Soviética y el campo socialista.

Ahora todo lo que esté fuera del marco de la OTAN es, de hecho, su potencial enemigo, especialmente los que vivimos en el Tercer Mundo, aunque seamos muchos más que los que habitan en las naciones de tan exclusivo club nuclear, no tengamos armas tan sofisticadas y no amenacemos a nadie.

Sospechosamente, esta reunión no ha tenido repercusión en los poderosos medios de comunicación masiva del Norte. Al parecer no hace falta mucha divulgación, pues lo que se quería fue logrado, exponer claramente sus aspiraciones de gendarme mundial, pero sin mucha bulla.

 

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