Por obra y gracia del imperialismo

ARNALDO MUSA

Diego García vuelve a ser peón en el juego imperialista de la dominación mundial, esta vez con el nada honroso papel de haber sido convertida —según analistas de Inteligencia citados por el diario canadiense Toronto Star— en uno de los centros de tortura establecidos por Washington a escala global.

Esta vez pueden ser los prisioneros de Iraq, Afganistán o de otro lugar quienes se encuentren allí, para que los torturadores norteamericanos o de otra nacionalidad, entrenados por ellos, se tomen su tiempo, sin que nada ni nadie los perturbe.

Diego García, de apenas 44 kilómetros, es una isla arrebatada más que comprada por Gran Bretaña a Mauricio y entregada virtualmente al Pentágono.

De allí salieron los bombarderos norteamericanos para agredir a los países indochinos en las décadas del sesenta y del setenta y se almacenaron tanques de combustible para expediciones en el Golfo Pérsico, cuando la Guerra del Golfo, en 1990, y más recientemente contra Afganistán y otra vez Iraq. Todavía están allí los B-52 y aviones aún más modernos de combate, y flotas navales a la espera de órdenes de ataque.

HISTORIA NECESARIA

La isla se encontraba desierta a la llegada del francés Vicomte de Souillac en 1776, quien se adelantó a los ingleses en la conquista del lugar (en aquel entonces Mauricio era posesión francesa). Allí, París concedió a distintos empresarios la posibilidad de explotar sus recursos, a cambio de la instalación de una colonia de leprosos.

Luego de la derrota de Napoleón, en 1815, Mauricio, junto con el archipiélago de Chagos, pasó a manos británicas. Durante el siglo XIX, los ingleses traerían trabajadores indios, africanos y malgaches. Pero como la lepra contagiaba principalmente a los hombres, ello determinó una organización familiar de tipo matriarcal.

Fue así como poco a poco se fue formando una cultura propia. Se dio el nombre de ilois (nombre de las comunidades de Chagos) al estilo de vida que compartían en estrecha relación con la naturaleza.

Sin embargo, todo cambió en 1965. Los ingleses decidieron desmembrar a Diego García de Mauricio para crear, junto con otras islas, el BIOT (British Indian Ocean Territory). En 1967, cedió la isla a Estados Unidos, a cambio de un descuento en la compra de armas nucleares, y tres años después, la Administración norteamericana hizo trasladar a los cerca de 2 000 ilois a Mauricio, donde se les dejó a la deriva en un puerto, sin ninguna pertenencia y nacionalidad, en desamparo total. Muchos murieron de hambre y tristeza.

MUESTRA

Diego García fue la muestra de lo que hizo Estados Unidos para lograr su propósito de controlar el Océano Índico, para garantizar el transporte de bienes entre Europa y Japón, el tráfico de las materias primas asiáticas y la salida del petróleo del Oriente Medio.

Tras haber logrado disponer de la isla, la convirtió en el principal punto de apoyo militar en el Índico, donde construyó una enorme base aeronaval, lo cual violó todas las disposiciones de organismos internacionales que intentaban convertir la región en una zona de paz.

Desde esa base, Estados Unidos dirigió las operaciones de la crisis de Yemen de 1968, el apoyo a los mujaidines afganos desde 1979, la crisis de los rehenes de Irán (1979-1981) y sucesivas operaciones contra Iraq: Desert Storm (1991), Desert Strike (1996), Desert Thunder (1997) y Desert Fox (1998). Con estos antecedentes, y sin contar con datos fidedignos, no hay duda sobre su segura participación en las más recientes agresiones a Afganistán y al territorio iraquí, a lo que su suma el triste papel que le toca desempeñar ahora como guarida de criminales y reclusorio para quienes son o serán torturados.

 

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