Esteban Machado

El pincel enfoca el paisaje

TONI PIÑERA

Esteban Eleno Machado es uno de esos artistas de la imagen visual que en corto tiempo han logrado universalizar el alcance de su condición latinoamericana. Porque es de los que saben integrar factores de idiosincrasia nacional y continental (de lo "real maravilloso"), en la urdimbre de cuanto artísticamente hacen, en el lenguaje visual elegido, en los signos y las metáforas que habitan dentro de sus comunicativas imágenes, esas que ahora deambulan por una de las salas de la galería La Acacia (San José 114, entre Industria y Consulado, La Habana Vieja).

Cada época, cada tendencia han brindado su visión de la naturaleza. El paisaje es enfocado por su pincel o su creyón en una dimensión personal, y sus trabajos refractan por "mil" códigos la esencial relación que mantiene con los ámbitos de su vida, atrapando con equilibrado desbordamiento el carácter lírico y cotidiano de lo que nos dicen. Por eso resultan palabras visuales bien dichas.

Hace algún tiempo, aparecieron ante nuestras retinas unas arcas repletas de cubanía nadando o sumergidas en el mar que nos rodea, como si en el pequeño espacio que habitaban resumiera la esencia de lo cubano y, particularmente su paisaje con bohíos, palmas, cielos azules y un verdor que deslumbraba la vista. Pero, el día no ocupa solamente el tiempo del hombre sobre la tierra, existe también la noche, y si de mar se trata, hay momentos de calma y otros de tormenta.

Sus marinas cubanas o caribeñas —pertenecen a toda el área circundante— vibran entre luces y sombras, con el mar encrespado a veces, iluminado por el tenue resplandor de la luna en algunas ocasiones, pero enunciando la fuerza del gran azul cuando sopla el viento. Las arcas resisten el mal tiempo, cual barco en plena tormenta, simbolizando en cada caso la resistencia de nuestras tierras, de nuestra Isla que estoicamente, en un mar bravío, enfrenta todo lo externo con la resolución de llegar siempre a la meta. La energía de las olas, el movimiento de las arcas habitadas por un paisaje bucólico que sigue el compás del tiempo, las tonalidades cambiantes en la oscuridad nocturna o en el atardecer-amanecer aparecen "dibujadas" por la diestra mano del artista que va consiguiendo, poco a poco, un lugar en el panorama cubano de la temática paisajística con un sello de originalidad.

 

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