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Un lugar para el encuentro
Andrés
D. Abreu
Especial para Granma
PARÍS.— Se va haciendo
habitual para los artistas cubanos que visitan París pasar al menos
una vez y unas horas por las oficinas de la Fundación Brownstone, un
espacio, que gracias a las excelentes relaciones entre su presidente
Gilbert Brownstone y las instituciones culturales cubanas, se ha
convertido en frecuente lugar para el intercambio intelectual y
artístico entre cubanos y franceses.
Porro en casa de Gilbert Browstone.
Por estos calurosos días
es el artista y profesor cubano Eduardo Ponjuán uno de sus invitados
residentes, mientras que la artista francesa Catherine Bay prepara su
proyecto de viaje a Cuba para profundizar en el conocimiento de una
sociedad y una cultura a las que quiere incluir en su serie itinerante
de Blanca Nieves. Por acá también se llegó de paso e invitado por
el Palacio de Tokio, el joven Duvier del Dago; y de tránsito hacia
África se produjo la visita del maestro Mendive, quien expresó su
interés por volver para mostrar en una de las galerías parisinas el
resultado de sus trabajos en países como Benin, Nigeria, Burkina Faso
y Senegal.
Gracias a la Fundación,
Erro, reconocido artista de origen islandés, nos abrió las puertas
de su estudio para mostrarnos cómo avanza su gran mural Bagdad (el
Museo Nacional de Bellas Artes tiene una copia del proyecto). Este
intenso trabajo pictórico aún no está terminado y tal vez tardará
pues el artista pretende incluir las cifras de los daños y costos de
esa guerra que nadie se atreve a predecir cuándo tendrá su fin.
Pero el más reciente
encuentro constituyó toda una magnífica velada con el arquitecto
Ricardo Porro como protagonista y el embajador cubano ante la UNESCO,
Rolando López, entre los invitados. Porro, con su locuacidad natural
y toda una academia de conocimientos adquiridos, y como buen
intelectual de los años sesenta, guió una conversación, que en su
amenidad, se movió del arte a la filosofía y de la historia a la
política con una fluidez impresionante.
A sus casi 80 años de
edad no faltó tampoco el tema de sus varios proyectos actuales, entre
los que figura una escuela de arte al Sur de Francia, no tan exótica
y sensual como la que nos dejó en La Habana, sino más románica de
acuerdo a Puy En Velay, ciudad para la que se proyecta. Entre sus
comentarios y apreciaciones críticas al caótico mundo contemporáneo
incluyó la satisfacción por un futuro viaje a la habanera Facultad
de Arquitectura donde impartirá un nuevo taller, una segunda vuelta
tras haber quedado muy impresionado con el trabajo realizado en una
primera edición hace ya varios años. Y aunque mucho hablamos,
mientras París celebraba en sus calles a ritmo brasileño la Fiesta
de la Música, Porro nos prometió un día más de entrevista.
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