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Como hijo propio
El historiador
dominicano Emilio Cordero Michel afirma que no hay cubano
desconocedor de la historia de Máximo Gómez, el Generalísimo
maestro de generales
Iraida
Calzadilla Rodríguez
Emilio Cordero Michel ha
dedicado una gran parte de su vida como académico a estudiar la
figura de Máximo Gómez en su trascendencia anclada entre dos
patrias. A un lado del corazón El Viejo llevó a República
Dominicana, donde nació. Y del otro, entrañablemente, a Cuba, esta
tierra a la que dedicó esfuerzos, resolución, lealtad y
abnegación, y le hizo decir que en la Guerra de los Diez Años
jamás el sol de ella le calentó un día fuera del campamento o del
campo de batalla.
Gómez tuvo visión de lo que iba a ocurrir
en esta parte del mundo con la agresión
norteamericana, precisa el historiador.
El Vicepresidente de la
Academia Dominicana de la Historia y Profesor de Mérito de la
Escuela de Historia y Antropología de la Universidad Autónoma de
Santo Domingo, ha estado en Cuba por unos días. Aquí, se admiraba,
el Generalísimo es respetado, asumido como hijo propio y como
hombre universal, y su nombre lo llevan una academia militar y
escuelas, sus esculturas están ahí, a la vista de todos, y no hay
cubano desconocedor de ese mambí maestro de generales.
En el centenario de la
muerte de Máximo Gómez, los cubanos realizan durante todo el año
homenajes que van desde actos escolares, ofrendas florales y
conversatorios, hasta jornadas científicas en las cuales se ahonda
en la vida, pensamiento y acción de quien fue el primer guerrillero
de América, el militar que estrenó en Cuba la carga al machete en
la Guerra de los Diez Años contra una columna de 700 efectivos
comandada por el coronel Demetrio Quirós.
Pero Cordero Michel
ofrece otra cara de la moneda cuando explica que en República
Dominicana Gómez es solo recordado pálidamente cuando hace muy
poco se le dedicó una semana de homenaje que incluyó conferencias,
paneles, proyección y debate de películas, ofrendas florales,
visita a la Casa-Museo de Montecristi y presentación de varios
libros, entre los que se incluye Máximo Gómez: El Viejo Mambí,
de la periodista cubana Mercedes Alonso Romero.
"Máximo
Gómez en mi país, el suyo, es casi un desconocido, apenas una
importante avenida que lleva ese nombre. En Baní, donde nació, se
le recuerda con más frecuencia en el aniversario de su nacimiento y
allá hay un politécnico donado por los cubanos, en el que unos 400
estudiantes se especializan en diversas disciplinas."
Desconocer la historia
responde a una política llevada adelante por diferentes gobiernos
nuestros manejados por los yankis, y que intenta desnacionalizar a
la juventud dominicana, explica el catedrático. Para detener esta
situación y que los más nuevos conozcan su pasado, la Universidad
Autónoma de Santo Domingo, a la que pertenezco, intenta crear una
cierta base social e histórica entre los estudiantes, pero las
deficiencias que arrastran los bachilleres son muy grandes y como
consecuencia, pocos los avances.
En ese anidar y
desanidar afectos, el historiador llama a estudiar más, en
cualquier parte, a la figura emblemática que "no solo brilló en lo
militar, sino que fue más que eso: un pensador. Esa es precisamente
la arista que menos se conoce, la de un hombre que habló de
repartir la tierra entre los campesinos, de socialismo, de la unidad
antillana contra los yankis".
En Cuba, señala,
conoció la esclavitud y la brutal discriminación racial. Eso lo
impactó, pues no era esa la situación en República Dominicana.
También lo marcaron las condiciones de vida paupérrimas de los
campesinos y colonos.
Entonces, en una vuelta
a las notas autobiográficas de El Viejo, se lee: "(...) Cuba, país
de esclavos; no había conocido yo tan fatídica y degradante
institución y ni siquiera había podido tener una idea cabal de lo
que era eso (...) muy pronto me sentí yo adherido al ser que más
sufría en Cuba y sobre el cual pesaba una gran desgracia: el negro
esclavo. Entonces fue que realmente supe que yo era capaz de amar a
los hombres (...)".
Para el historiador, el
pensamiento social del Generalísimo no se asienta precisamente en
el aprendizaje de escuelas. Habrá que encontrarlo, dice, metido en
lo profundo de los campos de Cuba y la pobreza de sus gentes, y en
las estancias breves o prolongadas en Jamaica, Honduras y Panamá.
Tendrá que estudiarse más sobre sus experiencias en Laguna Salada,
Montecristi y La Reforma dominicana, y el contacto con obreros de
Nueva York, Boston, Nueva Orleans y Tampa.
De un Gómez
antimperialista y que tuvo la visión de lo que iba a ocurrir en
esta parte del mundo con la agresión norteamericana, también habla
Cordero Michel. Entonces, repaso documentos y el pensamiento del
Generalísimo llega en "(...) los americanos están cobrando
demasiado caro con la ocupación militar del País, su espontánea
intervención, en la guerra que con España hemos sostenido por la
Libertad y la Independencia (...) el día que termine tan extraña
situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un
adarme de simpatía (...)". |