La décima, en la ciudad y el mundo

Antonio Paneque Brizuela

LAS TUNAS.— La Jornada Cucalambeana 2005 y el XXVIII Festival Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado, ratificaron su magisterio de preservar y enaltecer tradiciones del país y de la región y ganar nuevas visiones e interpretaciones sobre un género que, curiosamente, ha sido favorecido por los siglos.

A diferencia de otras expresiones antiguas del arte que han ido apagándose y muchas veces extinguiéndose frente al paso del tiempo y los hábitos humanos, la décima, junto a su inseparable amigo cubano, el punto guajiro, se reinstalan durante estos eventos en el gusto popular y tienen cada vez más cultores en Hispanoamérica.

Protagonistas principales de la Cucalambeana y el Festival, la estrofa octosilábica y la música y la danza campesinas, han sido también por estos días en Las Tunas el lenguaje común para rendir homenaje a Adolfo Alfonso, el más veterano en el ejercicio de este género y uno de los clásicos cubanos de todos los tiempos.

Lenguaje común, por ejemplo, durante las vistosas galas en el anfiteatro de El Cornito, una de las cuales —la del sábado, dirigida por Raúl de La Rosa— fue exclusivamente dedicada a Alfonso, quien recibió de instituciones tuneras reconocimientos como el Escudo de la Ciudad, junto a los halagos rimados de figuras como Emiliano Sardiñas y Jesús Rodríguez, o las canciones de Elia Rosa Borges y María del Carmen Prieto.

La décima y las melodías guitarreras fueron también el recurso durante sendas canturías de recordación a figuras ya desaparecidas como Chanito Isidrón y Chanchito Pereira, a quienes viejos y menos viejos improvisadores dedicaron actualizados versos.

 

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