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Estados Unidos
El peligro de leer
NICANOR LEÓN COTAYO
La cámara de
Representantes de Estados Unidos aprobó el miércoles eliminar la
disposición oficial que permite al Gobierno controlar la lectura
que llevan a cabo personas supuestamente sospechosas de terrorismo.
El acuerdo suprime la
autorización al Departamento de Justicia y al FBI para que
investiguen en las bibliotecas y en las librerías el tipo de libros
que solicitan o compran esos ciudadanos.
Ello forma parte de la
titulada Ley Patriótica, aprobada el 25 de octubre del año 2001
por una amplia mayoría de la Cámara y del Senado, en medio de la
profunda conmoción que produjeron los atentados terroristas del 11
de septiembre.
Mediante esa Ley
aumentaron sustancialmente las atribuciones de los cuerpos
represivos para actuar en la sociedad norteamericana, entre ellas el
control sobre las lecturas que se efectúan en las bibliotecas.
Lo dicho, como es de
suponer, ocasionó una profunda y manifiesta alarma en el mundo
intelectual y artístico de Estados Unidos, así como en el de otros
países.
Pero ahora la Cámara de
Representantes, con mayoría republicana, decidió por 238 votos
contra 187 echar abajo esa medida represiva, aun cuando Bush había
amenazado con vetar que ello sucediera.
El hecho tuvo lugar
cuando se debate un proyecto de ley de 57 500 millones de dólares
para los departamentos de Comercio, Justicia y Estado, que en los
próximos días examinará el Senado.
Lo suscrito en la
Cámara no está garantizado, pues con frecuencia los jefes del
bando republicano, al conciliar textos de ambos cuerpos
legislativos, eliminan acápites opuestos a los criterios de Bush.
Sin embargo, el
congresista independiente por Vermont y auspiciador del proyecto,
Bernard Sander, opinó que "estamos en presencia de una enorme
victoria que restaura importantes derechos constitucionales".
Sander agregó que la
votación, luego de que el año pasado fracasó un intento similar,
serviría para "frenar a una Administración decidida a eliminar
todas las libertades civiles que nos definen como nación".
Pero, además, tiene
otros significados, como, por ejemplo, los tres siguientes:
Bush aprovechó el
tremendo impacto del 11 de septiembre para imponer una ley
neofascista con el nombre de Patriótica, aunque ahora una parte de
sus acápites empieza a desgranarse en el Congreso.
Las mencionadas
agresiones terroristas sirvieron en bandeja de oro los pretextos que
necesitaba la ultraderecha para asaltar el poder en Estados Unidos,
pero lo está sosteniendo en medio de continuados reveses.
Determinadas tradiciones
democráticas no han podido ser erradicadas del pensamiento de
importantes sectores del pueblo norteamericano, y ese hecho forma
parte de una realidad nacional muy difícil de ignorar.
Junto a esos hechos
figuran otras pifias que también acompañan a Bush, al estilo del
reciente caso en la OEA, los ascendentes escándalos referidos a la
base impuesta en Guantánamo, la muy espinosa cuestión del
terrorista Luis Posada Carriles y la virtual derrota en Iraq.
Es en tal contexto que
la Cámara de Representantes de Washington acordó permitir que los
norteamericanos vuelvan a acudir con naturalidad a las bibliotecas
para seleccionar y leer el libro de su preferencia.
Un hecho inaudito, solo
explicable bajo el régimen de Bush, aunque todavía sujeto a la
decisión del Senado y a las maquinaciones de los jefes de ambas
cámaras del Congreso, antes de llegar a la dudosa firma del
Presidente.
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