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La nueva gran estafa
ROLANDO PÉREZ
BETANCOURT
Nada
muy serio para decir acerca de esta película, ahora de estreno en
Yara y Payret. La nueva gran estafa, de Steven Soderbergh, es la
segunda parte de Ocean's Eleven, que a su vez constituyó un remake
de
algo lejano. Si bien Ocean's... no traía mucho en su narrativa, era
ágil y se apoyaba en un elenco de actores tan simpáticamente
convincentes como famosos. La nueva gran estafa mantiene el atractivo
de esos actores y agrega otros más (Catherine Zeta-Jones, entre
ellos), pero esto no le descuelga el cartelito de "sustancialmente
desaborida".
Pareciera como si Steven
Soderbergh (Tráfico y Solaris) hubiera enviado de paseo su probado
talento a la hora de retomar la historia de la pandilla que luego del
éxito de aquel primer atraco, debe "golpear" de nuevo, porque una
amenaza de vida o muerte pende sobre la cabeza de cada uno de sus
integrantes, en caso de que no "regresen" una suma que deben. Los
muchachos están quemados en territorio norteamericano, así pues,
hacia Europa vuelan.
El tema del gran atraco es
tan viejo como aquellas primeras imágenes del cinematógrafo
empeñadas en recoger el asalto a un tren. Pero con el tiempo, las
cajas fuertes de los bancos, vulnerables ante la dinamita, les fueron
cediendo el protagonismo a modernos mecanismos de protección: rayos
láser, complicados sistemas de vigilancia y el mundo de la
informática puesto a los pies de unos tesoros que nunca serán lo
suficiente inexpugnables ante las audacias de un grupo de intrépidos
ingeniosos.
Si el espectador recuerda
que desde hace rato viene viendo filmes de esta especie, tendrá
presente también que tales historias responden a esquemas de
composición (incluyendo la galería psicológica de sus personajes) y
que el quid del éxito radica en la originalidad e ingenio que se le
impregne a la trama. Y ahí radica la gran decepción de La nueva gran
estafa, que más bien parece jugárselo todo al ritmo, a la visualidad
y a la simpatía emanada de sus estrellas (George Clooney, Brad Pitt,
Julia Roberts, Matt Damon y algunos veteranos ilustres en pequeños
papeles, como son Elliot Gould, Carl Reiner y Vincent Casell).
Por extraño que parezca,
un realizador sólido como Soderbergh pierde de vista (¿o se burla
perdiendo de vista?) que hasta las fórmulas del "gran atraco" deben
encauzarse por vías coherentes y de cierta verosimilitud. Patente
brillo de ausencias en su guión y que, en el caso que nos ocupa,
hubiera evitado recurrir a una reinterpretación doliente del título
fílmico. Aunque ligerita para verse en una tarde de verano, La nueva
gran estafa es también —y con relación a los espectadores— lo
que el director hace en buena medida de su película.
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